Leyendo el libro de texto de la Ciencia Cristiana

El artículo anterior trató el tema de las traducciones científicas de la mente mortal y de la inmortal, según aparecen en las páginas 115 y 116 de Ciencia y Salud, con los tres grados de pensamiento, especialmente el que aparece en el título marginal del tercero.

Ahora podemos ver que todo Ciencia y Salud y, en realidad, muchas de las otras obras de la Sra. Eddy, se escribieron teniendo en cuenta uno u otro de estos tres niveles de pensamiento. El descubrimiento de la Ciencia Cristiana lo abarca todo: su compasión incluye todas las fases del pensamiento humano. Por supuesto que esto no constituye una invitación para identificarse con cada fase, sino que significa que, al leer el libro de texto, es importante siempre reconocer a quién se está dirigiendo. De lo contrario bien podría parecer que las declaraciones son contradictorias. Lo que, en un nivel, podría ser denominado “de concesión” o educativo, no debe considerarse de la misma manera que lo que se escribe desde el punto de vista de la Verdad eterna misma.

La palabra “descubrimiento” significa literalmente sacar lo que cubre. El descubrimiento de la Ciencia del Ser quita progresivamente las capas de ignorancia que esconderían la perfección subyacente que existe. Ciencia y Salud dice: “Desnudemos al error” (p. 201:14) El error des-nudado es la Verdad des-cubierta. A medida que la mente mortal desaparece, el hombre aparece, exactamente igual como cuando la neblina de la mañana se disuelve y se revela el paisaje.


Leemos que: “... para uno ‘nacido de la carne’, la Ciencia divina debe ser un descubrimiento” (Retrospección e Introspección 26:23-25). Para el pensamiento que parece originarse en la creencia de que la vida, la sustancia y la inteligencia están en la materia, el desnudar y el descubrir sugieren un proceso. Para lo que nace de Dios, no existe tal proceso ya que, “Morando en la luz, no puedo ver sino el esplendor de Mi propia gloria” (La Unidad del Bien 18: 4). Y estos dos enfoques mentales significan puntos de vista actuales en vez de algún proceso en el tiempo.

Los tres grados o niveles de pensamiento a los que se dirige Ciencia y Salud son primero, el que cree que uno mismo es mortal y físico; segundo, aquello que se identifica a sí mismo como lo humano esforzándose por elevarse por encima de lo físico y, mediante una mayor moralidad, consigue lo espiritual; tercero, lo que reconoce que la realidad del ser es espiritual aquí y ahora, sin una mente mortal que lo oscurezca. Podemos percatarnos de que éstas son tres etapas en las que el error va retrocediendo y no la humanidad avanzando. Al empezar con Dios como todo lo que es verdadero, la realidad ya no es una meta sino una base actual de pensamiento.

Bien podemos sacar provecho de algunos ejemplos. Teniendo en cuenta el primer grado, encontramos muchas declaraciones que se refieren a la experiencia de los mortales. Tienen que desenmarañar sus enredos y pagar sus culpas; son estados de pensamiento autodestructivos, que no tienen base ni son bendecidos; son egotistas pero también son frágiles; son otro nombre para la mente mortal, y son absorbidos por la inmortalidad. Éstas y muchas otras referencias a los mortales en nuestros libros, no ofrecen ningún aliento al lector para que se identifique, ni siquiera temporalmente, con este estado de pensamiento y su experiencia inevitable. Afortunadamente, en nuestros libros no se fomenta esa actitud, porque nos aseguran que: “los mortales desaparecerán” (p.476); que no “... hay, de hecho, seres mortales” (p. 554), que “jamás tuvieron un estado de existencia perfecto, el cual les sería posible recuperar posteriormente” (p. 476), y que “todo lo que es mortal se compone de creencias humanas materiales y de nada más” (p.478). Ni siquiera la neblina más opaca toca el paisaje de la mañana.

Ahora nos movemos al segundo grado, humanidad, y se usan muchas descripciones para relacionar este estado de pensamiento que bien puede estar contenido en la creencia en el bien sobre una base humana. Nuestros libros se refieren al progreso humano que es lento, pero también a los cristianos y a aquellos que son seguidores de Jesús; a los Hijos de Israel que eran soldados dignos, esforzándose por superar con el bien el mal pero permaneciendo en un plano de dualidad; y a todo pensamiento que siente amor por el bien pero también está en conflicto con el mal. Aquí hay algunas citas que el lector puede estudiar más a fondo. “La experiencia cristiana enseña a tener fe en lo justo y a no creer en lo injusto” (C. y S. 29:7-8); “quienquiera que viva más la vida de Jesús en esta época y declare mejor el poder de la Ciencia Cristiana, beberá de la copa de su Maestro” (C. y S. 317:7-9 y el título marginal “la copa de Jesús”); “... los efectos funestos que resultan de la tentativa de combatir al error con el error” (C. y S. 568:8-10); “...los hijos de la tierra que siguieran su ejemplo iban a ser llamados hijos de Israel, hasta que el Mesías les diese un nombre nuevo” (309: 16-17). Nuevamente encontramos que, si bien se registra la experiencia de quienes se identifican con esta condición de pensamiento que se queda a mitad de camino, no hay ninguna invitación para hacerlo así. Y esto se confirma cuando observamos que “... el concepto humano y material, o Jesús, desapareció” (C. y S. 334:16-17), y que el bebé de Belén no fue más que la sombra de la idea de Dios (ver himno 23). El paisaje verdadero no se revela en su totalidad antes de que la neblina se levante completamente.

Entonces llegamos al tercer grado o “realidad” y nada más que este estado de pensamiento, donde la mente mortal desaparece, se clasifica como realidad. “... nuestra vida tiene que estar gobernada por la realidad” (C. y S. 131: 4-5) y no por ninguna sombra de neblina. “Sin perfección nada es absolutamente real” (C. y S. 353: 19-20). ¿Por qué siquiera considerar estar gobernados por algo que no sea ni más ni menos que la realidad?

A esta altura encontramos referencias a que el hombre es co-eterno, está en consonancia y es co-existente con Dios; perfecto como el Padre; el Principio y su idea es uno; esa fusión con Dios, ... que da al hombre señorío; el conocimiento de que todo es posible; el hombre, nunca nace y nunca muere; nunca ha dejado el cielo; el hombre, la idea de Dios, “individual y desincorporada, denominada en la metafísica cristiana el hombre ideal –por siempre impregnado de vida eterna, santidad, paraíso”(Esc. Mis. 205: 19-22). Aquí, en efecto hay algo con lo que vale la pena identificarse. Esto es la realidad; todo lo demás pertenece al ámbito de las sombras que se desvanecen, lo temporal o mundo del tiempo, y por eso se trata de lo que no es ni real ni eterno.

Leemos Ciencia y Salud como nuestra autobiografía. ¿Por qué? porque contiene el cuerpo de conocimiento de Dios, la ciencia o entendimiento del ser. ¿Y qué es lo que Dios está siendo?

Dios está siendo el hombre --el hombre que es la identidad, el entendimiento, la encarnación de Sí Mismo. Nuestro descubrimiento, a medida que vamos leyendo, es lo que somos actual y eternamente, sin opción o reserva. No es una meta para ser alcanzada, sino la declaración científica de lo que ya existe. Este entendimiento de la realidad tal cual es, necesariamente quita la cubierta y desnuda todo lo que pretende ser pero no es. Los grados de ignorancia se desprenden, se descartan por no ser pertinentes a lo que estamos aprendiendo sobre nuestra verdadera identidad. Es lo divino lo que vence a lo humano en todo punto, y nunca lo humano tiene que convertirse en divino. Leemos, nos embebemos, meditamos y descartamos, de modo que todo lo que permanece de las setecientas páginas que constituyen nuestro libro de texto son las tres palabras que constituyen la ley de Dios, a saber, “Yo soy Todo” (No y Sí 30:13).

En Cristo y Navidad hay una ilustración interesante titulada “El Camino”. En él parece que vemos que el sendero de luz pasa por la cruz negra, que simboliza lo físico, con mucha amplitud y, sigue hacia donde hay una cruz de color más claro, que podría asemejarse al segundo grado, o humanidad, tan lleno de promesa, para proseguir hacia la corona. Pero el libro de texto ofrece otra interpretación donde dice: “La Ciencia invierte de tal manera la evidencia ante los sentidos humanos corporales que confirma en nuestro corazón esta declaración de las Escrituras: ‘Los primeros serán postreros, y los postreros, primeros’ (116:5-9). Por eso podemos intentar mirar esta ilustración dando vuelta el libro. Entonces vemos que el camino de la luz, que sale de la corona, no pasa a través de ninguna de las cruces. Ambas son desviaciones de la luz. Y por eso leemos en Unidad del Bien (55: 12-16): “’El camino’, en la carne, es el sufrimiento que conduce fuera de la carne. ‘El camino’, en el Espíritu, es ‘el camino’ de la Vida, la Verdad y el Amor, que nos redime del sentido falso de la carne y de las heridas que trae consigo”. Por eso, ¿por qué escoger el camino difícil?