La Oración y la Práctica

La Ciencia Cristiana es la revelación completa y última. Está ante nosotros como la revelación final de la Palabra o Verbo de Dios. La Verdad ha existido a través de todas las edades, siempre ha sido, y es ahora, la misma ayer, hoy y para siempre. Jamás ha habido un instante en la historia del universo entero en que la totalidad de la Verdad no ha estado presente con nosotros, o cuando no ha estado disponible para nosotros en su totalidad , para que la usáramos y demostráramos. No se entiende toda la Verdad y por esta razón nunca ha sido demostrada como debiera ser, y cómo lo será cuando el género humano adquiera una comprensión más cabal de sus enseñanzas.

Un día durante el show aeronáutico de Boston, en el que habían aviones de distintas partes del mundo, la Sra. Eddy, al leer sobre los vuelos de los aviadores dijo: “¡Es maravilloso que un hombre pueda zumbar por el aire de esa manera!” Yo le dije: “Sí, es maravilloso, pero para mí no es ni la mitad de lo maravilloso que es poder sanar una creencia de enfermedad y dejar a una persona completamente bien”.

A lo que ella respondió: “Sí, y no hay nada tan maravilloso como resucitar muertos”. Luego agregó: “Éso es lo que todos debemos hacer. Lo he hecho muchas veces. En una ocasión recuerdo que se me pidió que fuera al lecho de una niña que estaba muy enferma, según me lo dijeron. Le dije al mensajero que iría en una hora, ya que tenía entremanos una tarea importante que requería mi atención inmediata. Me informaron que para entonces iba a ser demasiado tarde, y cuando llegué a la casa exactamente una hora después, la niña estaba aparentemente muerta y preparada para ponerla en el cajón. Entré a la habitación y me paré por un momento a su lado en silencio entendiendo la verdad, y al poco rato la niña se sentó y miró a su alrededor. Las personas que estaban en el cuarto se asustaron, gritaron y se fueron corriendo. Yo llamé a la madre y le pedí que vistiera a la niña y así lo hizo. La tomé de la mano y le dije, ‘Ven conmigo, vamos a dar un paseo’.”

Después me dijo la Sra. Eddy que caminó por el barrio con la niña y que el padre las siguió a la distancia para ver lo que estaba pasando. Pasado un rato, regresaron a la casa y la niña fue entregada a su madre viva y bien. Esta es una ilustración de lo que es posible hacer con la Ciencia Cristiana cuando se la aplica correctamente.

Ahora bien, si pudiéramos considerar todos los inventos importantes, todo lo que se ha destacado, todos los logros y realizaciones para la edificación y mejoramiento de la humanidad y si fuera posible ponerlos todos en el plato de una balanza, veríamos que lo que hizo la Sra. Eddy en esa ocasión tiene más peso que eso, trasciende todo lo demás.
Todas las acciones grandes y nobles que se han hecho por la humanidad desde el comienzo de la historia del mundo son nada, comparados con lo que un Científico Cristiano tiene la oportunidad y el privilegio de hacer todos los días de su experiencia terrenal.
Lo más grande que nos ha ocurrido a cada uno de nosotros fue cuando dimos el primer paso hacia la Ciencia Cristiana. Ninguna circunstancia en toda nuestra carrera, no importa lo exitosa que parezca haber sido, puede igualar la circunstancia de que ahora somos Científicos Cristianos. Ser un Científico Cristiano simplemente significa poseer las llaves del reino de los cielos, tener acceso a todo el bien y a todo don perfecto. El apóstol Pablo dijo: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en el corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman” (I Cor. 2:9).
Eso fue en la época de Pablo pero en nuestra época la Ciencia Cristiana nos ha revelado las cosas profundas de Dios, y nos ha mostrado cómo es posible para nosotros tomar posesión de ellas aquí y ahora.

Recuerdo una vez haber escuchado a Sam Jones predicar un sermón y en ese sermón dijo algo así como: “Si un hombre puede enviar una oración a Dios y obtener una respuesta, puede considerarse afortunado”. Ahora bien, cada Científico Cristiano puede tener la experiencia diaria o tal vez a cada hora del día, de recibir una respuesta a su oración; el único problema consiste en que no aprovechamos del todo nuestro derecho de nacimiento; no dependemos lo suficiente de las promesas de Dios.
Nuestra oración es muy distinta de la antigua forma de oración, cuando solíamos creer que podíamos conseguir que Dios nos diera lo que queríamos si se lo pedíamos mucho. Solíamos pensar que si persistíamos mucho y fastidiábamos a Dios lo bastante, Él finalmente iba a ceder y a darnos lo que queríamos, y quizás le negaría a nuestro prójimo lo que nos dio a nosotros, porque nuestro prójimo no creyó que valía la pena pedírselo a Dios. Pues bien, una de las cosas gloriosas que hemos aprendido en la Ciencia Cristiana es que no tenemos que rogar a Dios por nada. Él ya nos ha dado todo lo que le es posible darnos, y por más que insistamos, Él no podría hacer más de lo que ya ha hecho.
Todo lo que tenemos que hacer es aceptar lo que Él nos ha dado.
“Pedid, y se os dará” (Mat. 7:7) nos dice la Biblia y “Todo lo que pidiéreis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” ” (Marcos 11: 24) Observen que ese “creed” no está en futuro, es algo de lo que debemos estar convencidos cuando oramos. Estuve discutiendo este punto con un ferviente metodista y yo cité ese pasaje y le pregunté si podía ver el hecho de que Jesús quiso decir que debemos creer que ya tenemos esas cosas. Como él no estuvo de acuerdo buscamos la misma cita en la versión revisada de la Biblia en inglés y encontramos: “He aquí que os digo, todas las cosas por las que oráis y pedís, creed que ya las recibisteis, y os serán dadas”. Me sorprendió esta confirmación de las enseñanzas de la Sra. Eddy al respecto, pero mi amigo no estuvo satisfecho y seguimos buscando en otras traducciones. Farrar Fenton lo dice así: “Yo, por lo tanto os digo que todo lo que pidiéreis en oración, creed que lo tendréis y os vendrá”. La traducción del Siglo Veinte lo dice en estas palabras: “Ten fe en que todo lo que pides en oración ya te ha sido concedido, y encontrarás que será así”. El Nuevo Testamento en Lenguaje Moderno dice: “Respecto a todo lo que oras y lo que pides, si crees que ya lo has recibido, será tuyo”. ¿Puede haber alguna duda de que el modo de conseguir algo es saber que ya es tuyo? Jesús lo enseñó y la Sra. Eddy lo confirma.
La oración en la Ciencia Cristiana, entonces, no es una petición, sino una apropiación, una simple aceptación de lo que ya ha sido provisto para nosotros. Jesús dijo: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33) También dijo: “A cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado” (Mateo 13:12).
Dudo que en realidad lleguemos a alcanzar una centésima parte de los beneficios que deberíamos alcanzar si aplicáramos bien La Ciencia Cristiana. En otras palabras, tenemos derecho y debiéramos recibir cien veces más beneficios de nuestro conocimiento de la Ciencia Cristiana de lo que estamos recibiendo actualmente.
Ante estas circunstancias, bien podemos resolvernos desde ahora en adelante por lo menos a obtener entre el doble y diez veces más de lo que ya estamos logrando. Todo está de nuestro lado; las promesas de Dios están todas con nosotros; y Jesús dijo que si tenemos fe como un grano de mostaza podremos mover montañas.
Todos podemos y necesitamos mejorar y sanar enfermos. La sanación de los enfermos es el testigo principal de la veracidad de la Ciencia Cristiana, y sólo cuando nuestro trabajo es productivo en resultados sanadores, estamos demostrando que entendemos sus enseñanzas. Veamos entonces qué es lo que sana al enfermo.
Sanar enfermos es exactamente lo mismo que recibir una respuesta a la oración. No tienes que hacerle nada a Dios para forzarlo a contestar. No tienes que hacer nada a las circunstancias para cambiarlas en absoluto. Todo eso ya está bajo control y ha sido provisto. Todo lo que tienes que hacer es aceptar la situación como es.
Cuando aprietas una pelota de goma con los dedos, todo lo que tienes que hacer para restaurarla a su condición natural es dejar de apretarla. Es lo mismo con la curación de los enfermos, todo lo que tienes que hacer es corregir el sentido que tienes acerca del hombre y entonces éste está bien.

El gran problema de los Científicos Cristianos es que creen que ellos van a hacer algo; piensan que tienen algo que sanar, que alguien está enfermo y que ellos tienen que sanarlo. Todo esto está equivocado, porque tan pronto como el sanador Científico Cristiano llega a creer en la realidad de la enfermedad, con la misma prontitud empezará a dudar de la eficacia de su tratamiento metafísico; empezará a pensar para sí: ¿cómo puede mi tratamiento que es mental curar una enfermedad que es física?
Tan pronto como cree que la enfermedad es física y material, así de pronto está perdido en lo que respecta a la curación científica del enfermo. El Científico Cristiano debe saber que todo es Mente en el llamado reino físico lo mismo que en el reino espiritual.
Esto está empezando a ser reconocido por los científicos naturales y los físicos, lo mismo que por los Científicos Cristianos. El Profesor Wilhelm Ostwald, un celebrado químico europeo, a quien la Universidad de Oxford en Inglaterra hace poco le concedió una medalla de oro, ha hecho la declaración siguiente: “la materia es tan sólo una cosa imaginada, que hemos construido para nosotros mismos muy imperfectamente para representar el elemento constante en la serie de cambios de los fenómenos”. Después este mismo hombre prosigue tratando de probar que la fuerza es la única sustancia real, y consecuentemente pierde de vista la verdad real de las cosas.
El Científico Cristiano sabe que la materia es una cosa imaginada porque sabe que todo es Mente, y que en consecuencia no puede haber algo así como la materia. Él entiende que lo que aparece a los sentidos físicos como materia es meramente una ilusión de esos mismos sentidos, un pensamiento externalizado que no tiene otra realidad más que la que nosotros mismos le damos. Ahora bien, si la materia es una condición del pensamiento, cuando tenemos lo que aparece ante nuestros sentidos físicos como una condición enferma de la materia, no es nada más que una condición enferma del pensamiento, una creencia falsa, y debe ser desarraigada como tal.
Recordemos que nuestra Guía dice: “La metafísica resuelve las cosas en pensamientos y reemplaza los objetos de los sentidos por las ideas del Alma” (Ciencia y Salud, pág. 269: 15). Cuando reduces la así llamada enfermedad a un pensamiento, entonces estás preparado para reemplazar el pensamiento equivocado, que causa la enfermedad, por el pensamiento correcto, y no temes que tu tratamiento no sanará.
Hay una regla en la metafísica que está establecida y es la siguiente: el pensamiento siempre se externaliza a sí mismo. No importa dónde estés o lo qué eres esa regla es siempre aplicable: el pensamiento siempre se externaliza a sí mismo. La enfermedad siempre es el resultado de un pensamiento erróneo que se externaliza en el cuerpo. Más aún, el cuerpo mismo es pensamiento externalizado.

Si sabes y mantienes en el pensamiento la verdad acerca de Dios y el hombre, presentarás un cuerpo perfecto, y nada puede jamás enfermarlo o quitarle su habilidad en ninguna forma. La idea correcta de Dios es el hombre perfecto; la idea correcta de Dios es el Cristo. El Cristo único y eterno es el verdadero conocimiento de Dios.

Cuando Jesús vino a la tierra fue por todas partes predicando, sanando y demostrando el entendimiento correcto de Dios. Este Cristo, la Verdad, es la idea correcta de Dios, es la comprensión correcta de la infinitud, que viene a la creencia de la conciencia humana y transforma esa creencia, cambia esa creencia, o quizás es mejor decir elimina esa creencia, hasta que no se ve nada más que al hombre perfecto que siempre está presente y jamás ausente. La Sra. Eddy dijo una vez: “Recuerda que se espera que la así llamada mente humana aumente en sabiduría hasta que la creencia en ella desaparezca, y la Mente divina se vea como la única Mente.”
¿Qué es un tratamiento en la Ciencia Cristiana? Un tratamiento es simplemente saber la verdad sobre lo que estamos tratando; es la actividad de la verdad en la conciencia humana, y aplicar esa verdad a la creencia en el error de cualquier tipo. Un tratamiento no es la acción de la verdad sobre el error; es la acción de la verdad eliminando la creencia en el error. La Ciencia Cristiana no destruye la enfermedad, tampoco destruye el mal, porque no hay tales cosas para destruir; todo lo que puede hacer y todo lo que se le puede pedir que haga, es destruir o quitar la creencia en la enfermedad o la creencia en el mal.
¿De quién es la creencia o qué creencia es? Es la creencia de la mente mortal. ¿Y dónde está expresada? En la mente del sanador; y lo que tiene que hacer el practicista en cada caso, es enfrentar su propio sentido de la enfermedad y el trabajo está hecho.
Todo el conflicto está ocurriendo exactamente en tu propia conciencia; puedes sentarte donde estás y abarcarlo todo. El bien siempre está disponible, y cuando has destruido tu propio sentido del mal, has hecho todo lo que puedes hacer y todo lo que es necesario hacer para lograr la curación completa de tu paciente.
Ah! Pero piensas: entiendo eso, sé que debo combatir mi propio sentido de enfermedad, pero también debo combatirlo para mi paciente. Allí es exactamente donde nueve de cada diez Científicos Cristianos se equivocan. Piensan que tienen que hacer algo al paciente o al pensamiento del paciente, cuando en realidad ese es asunto de Dios.

Entonces, ¿qué es lo que sana al enfermo? Dios es el único sanador del enfermo; Dios está siempre presente, la Mente siempre activa está corrigiendo constantemente todo lo que está mal. Dios proporciona la sabiduría, vida, salud, inteligencia y actividad al hombre. Todas las cosas fueron hechas por Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Dios se da a Sí Mismo al hombre. Todo lo que es posible crear o producir para cubrir las necesidades del hombre y beneficiarlo, ya ha sido provisto por Dios Mismo. Ahora bien, si Dios ha hecho todo lo que es necesario, todo lo que Él es capaz de hacer, tú puedes tener la seguridad de que no queda nada para que haga el sanador.

La verdad misma, la verdad sobre Dios, la verdad del ser, la verdad sobre todo lo que existe, es la conciencia del hombre y no hay otro hombre ni otra conciencia. Dios, el poder, la acción, el gobierno, la salud y la fortaleza de toda persona, ha hecho al hombre a Su propia imagen y semejanza; el hombre es la manifestación, la expresión, el reflejo de Dios Mismo. ¿Puedes tú mejorar éso? ¿Puedes tú hacerle algo al hombre para mejorarlo?

Cuando obtenemos la idea correcta acerca del hombre, estamos satisfechos con ella; y vemos que no hay nada más que precisa sanar, nada que desechar, nada que mejorar. Es esencial para nuestro progreso y para nuestro bienestar que tengamos el concepto correcto acerca del hombre. No tienes que hacer una ley para sanar al hombre. La ley ya está hecha y está del lado del hombre, manteniéndolo en perpetua salud y armonía. No tienes que hacer nada a la Mente para ponerla en movimiento o hacerla actuar. Algunas personas cuando se ponen a dar un tratamiento lo encaran como quien lava ventanas y se permite unos quince o veinte minutos para realizar la tarea.

Una persona de Nueva York me contó un incidente que ocurrió cuando estaba en la oficina de un practicista y sonó el teléfono para pedirle que le diera un segundo tratamiento a una paciente que estaba sufriendo en creencia. El practicista dijo: “Pero la traté hace unos quince minutos; dígale que es mejor que espere hasta que el primer tratamiento sea absorbido antes de pedir otro”. ¿Es de extrañar que el primer tratamiento no la sanó? ¿No creen que ella hubiera estado mejor si nunca lo hubiera recibido?
El problema en ese caso era que él estaba tratando a una mujer enferma. Eso ilustra la diferencia entre tratar a una persona y tratar una creencia. Debes recordar que tu paciente no es una mujer que cree estar enferma; es una creencia que se llama a sí misma una mujer enferma; y cuando veas la nada de la creencia en tu propio pensamiento, habrás sanado la dificultad para la mujer.

¿Por qué es así? ¿Por qué es que cuando aclaras tu propio pensamiento sobre el problema eliminas la pretensión para el paciente? Bien, es por esto: la Ciencia Cristiana nos enseña que todo es Mente infinita y su manifestación infinita. Por eso, si Dios es infinito y Dios es todo, entonces Él está presente en todas partes y no hay lugar donde Él no esté. De eso se deduce que toda la infinitud está aquí en esta habitación. No tienes que mover un pie de donde estás para darte cuenta de la totalidad de la presencia y la actividad de Dios.
Esto es ilustrado en las matemáticas; puedes resolver todo problema que tiene solución aquí en esta habitación y nunca tendrás que salir de ella. No hay nada que la Mente divina ha creado en alguna parte del universo que no esté presente aquí, ahora, en su totalidad. ¿Por qué? Porque la Mente sólo crea ideas y la Mente y sus ideas están en todas partes presentes y jamás ausentes.

Ahora bien, lo que es verdadero sobre la Mente divina, la mente mortal que es su falsificación, también lo reclama. En el ámbito del pensamiento mortal, todo es mente e ideas de la mente. Lo mismo se aplica a la falsificación que a lo real. Tu mente mortal y mi mente mortal es la misma. Tu sarampión y el sarampión de tu paciente es el mismo sarampión; y cuando lo destruyes para ti, también lo destruyes para tu paciente.
Lo que tienes que hacer es corregir un pensamiento y no una cosa. Todo ser humano es un conglomerado de creencias, algunas aparentemente buenas, algunas malas, pero todas son creencias. A medida que estas creencias son cambiadas por ideas correctas, estás despojándote del hombre viejo con sus creencias y revistiéndote del hombre nuevo con su entendimiento de Dios.

En Ciencia y Salud la Sra. Eddy dice: “Jesús veía en la Ciencia al hombre perfecto, que aparecía a él donde el hombre mortal y pecador aparece a los mortales… y esa manera correcta de ver al hombre sanaba a los enfermos” (pág. 476-477). ¿Qué era lo que sanaba al enfermo? Pues simplemente mantener la idea correcta, simplemente saber o conocer la verdad. Si esto le dio buenos resultados a Jesús, ¿no los dará también para nosotros? La Sra. Eddy nos dice en el libro de texto: “Los enfermos no se sanan meramente declarando que no hay enfermedad, sino sabiendo que no la hay” (pág. 447: 29).

Toda idea que es necesaria para solucionar todo problema está aquí todo el tiempo. Todo lo que tienes que hacer para sanar un caso de enfermedad es darte cuenta en tu pensamiento de que no hay tal cosa. Y puedes preguntar:¿por qué ese conocimiento no sana todos los casos lo mismo que uno? Para explicarlo voy a recurrir nuevamente a las matemáticas para dar una ilustración. Si deseas conocer el área de un cuarto en particular que mide tres metros por cuatro, multiplicas y sabes que la respuesta es doce metros cuadrados. ¿Acaso eso no tendría la misma solución para todos los cuartos con las mismas dimensiones? Sí, pero tendrían que estar dentro del alcance de tu pensamiento, y tu pensamiento tendría que descansar en ellos; pero si el problema para otros cuartos no está delante de tu pensamiento, permanecerá sin resolver. Sucede lo mismo con una creencia de enfermedad; estás solucionando el problema para un caso en particular, y sólo la persona en quien descansa tu pensamiento responderá. Obsérvate y mira que no estés tratando algo.

Hay otra cosa que nos impide hacer el mejor trabajo y es la condenación propia. Estamos tan propensos a concebir la idea de que no somos dignos, que no somos lo suficientemente buenos para sanar al enfermo. Pensamos: “Sólo he estado en la Ciencia por poco tiempo y estoy esperando mejorar mi entendimiento antes de emprender la tarea de sanar al enfermo”. A menudo escuchamos: “el otro día estuve hablando con una señora y me dijo que no debía tratar de sanar hasta que mi nombre estuviera listado y por eso estoy esperando”.

¿No entiendes que sanar en la Ciencia Cristiana es para ti lo mismo que la tabla de multiplicar es para ti? ¿Qué pensarías de un alumno en la escuela que acaba de aprender a sumar, restar, multiplicar y dividir y dice: “no pienso usar mi conocimiento de las matemáticas hasta que pueda resolver todos los problemas en el libro”?. Bien, así es como suena escuchar a un Científico Cristiano decir: “Voy a esperar a tener una comprensión mayor antes de intentar sanar”.
Aquí también el problema radica en que los Científicos piensan que tienen que hacer algo. ¿Cuántos sanadores hay? Hay sólo un sanador del enfermo, y ¿cuál es? Dios. Dios es el único sanador del enfermo. Hay solamente uno. ¿Es Él digno? ¿Es Él lo suficientemente bueno? ¿Tiene Él bastante entendimiento para sanar al enfermo? ¿Tiene temor de algo?

¿Cómo Dios sana una creencia de enfermedad? Mediante el Cristo; a través de Su Cristo; el Cristo de Dios; el Hijo de Dios; la idea correcta que está allí mismo donde el pensamiento equivocado parece estar, así removiendo o eliminando todo lo que es falso.
Un tratamiento es siempre el tratamiento de Dios; nunca es del practicista. Un tratamiento es simplemente la presencia y actividad de ideas correctas. ¿Las ideas de quién? Las ideas de Dios. Dios proporciona ideas para todos, para todo. Hay una idea correcta para todo en el universo, y esa idea correcta siempre está presente, siempre está a mano, siempre está disponible.
Estas ideas pertenecen al hombre, más que eso, son el hombre. El mismo ser del hombre está constituido de las ideas de Dios. ¿Ves ahora cómo Dios, nuestro Padre, es inseparable de Su creación? como consecuencia el hombre es tan perfecto como la Mente que lo creó.
“Sed, pues, vosotros perfectos,” dijo Jesús, “como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mat. 5:48) ¿Cómo puede el hombre ser menos que perfecto?

Jamás ha existido una idea errónea; ni tal cosa como una creencia falsa puede morar en alguna parte. Ésa es la razón por la que no puede haber una cosa llamada enfermedad, malestar ni mal. ¿Cómo pueden existir cuando todo lo que existe, es bueno, cuando todo lo que tiene presencia es bueno? “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). La Mente no crea más que ideas. El universo consiste en la Mente y las ideas de la Mente. La Mente es Dios y las ideas de Dios son el hombre.
¿Cuántas ideas erróneas, o mejor dicho cuántas creencias falsas, están incluidas en el hombre? ¡Ninguna! ¡Ni una sola! No hay más creencias falsas en la mente del hombre, que las que hay en la mente de Dios. ¿De dónde pueden venir? ¿Cuál puede ser su origen? Es imposible para Dios crear algo fuera de Sí Mismo. Es imposible para Él crear algo de lo que Él no tiene ningún conocimiento. ¿Puede la Verdad conocer el error? ¿Puede el bien tener conocimiento del mal? ¡No!

Cuando algo se presenta en nuestra conciencia que es dudoso o discordante, y se nos insta a aceptarlo, ¿qué haremos? Comparémoslo con la Mente y las ideas de la Mente; veamos si se eleva a la altura de lo que enseña la Ciencia Cristiana sobre la verdad del ser. Encendamos la luz y veamos si se origina en Dios. Si no es así, entonces lo rechazamos por ser irreal, por ser absolutamente nada y así rechazado, desaparece de la conciencia.

Ahora bien, me gustaría decir algo sobre la ley. El hombre vive por decreto divino. El hombre está gobernado, sostenido y controlado por la ley de Dios. Ley significa o implica una regla que está establecida y mantenida por un poder; es lo que posee permanencia constante y estabilidad; lo que es inamovible, la misma ayer, hoy y para siempre. La fuerza de la ley se apoya enteramente en el poder que la hace cumplir. Una llamada ley que es incapaz de ser puesta en vigor no es ley, y no tiene ninguna relación con ella. Si Dios es el único creador, entonces Él es la única ley y el único legislador.

“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1: 1,2).
Todo el poder, la acción, inteligencia, vida y gobierno en el universo le pertenece a Dios, y siempre le han pertenecido a Dios. Dios hace todo a Su manera; Él es el dictador supremo; Él no tiene que consultar a nadie; jamás comparte o divide Su poder con otro. La Biblia nos dice: “Porque yo tu Dios soy un Dios celoso”. Dios es celoso de Su propio poder; como dijo un niñito : “Él es toda la cosa”.

Pablo dijo: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Rom. 8: 2).
Entonces sabemos que la ley del espíritu de vida, nos libera de la ley del pecado y de la muerte. ¿Por qué? Porque todo el poder que hay, está del lado de la ley de la vida. En otras palabras, la ley de la vida tiene poder infinito que la respalda, mientras que la ley del pecado y de la muerte no tiene nada en que apoyarse.

Si un hombre te dijera que dos por dos son cinco, inmediatamente te vendría el pensamiento: dos por dos no son cinco, son cuatro. ¿Qué has hecho? Has puesto en acción toda la ley de Dios. Has declarado la verdad, la verdad de Dios y esa verdad de Dios es la ley que aniquila, destruye y elimina todo lo que pretende oponerse a ella. Cuando has declarado esta verdad y la has aplicado a la creencia falsa que te confronta, has hecho todo lo que es necesario hacer. Has hecho todo lo que Dios puede hacer.

¿Sientes temor de que no funcione? ¿Tienes miedo de que dos por dos hayan sido cinco por tanto tiempo que nada pueda cambiarlo? No tienes que hacer nada para que dos por dos sean cuatro. Ya son cuatro y van a permanecer siéndolo para siempre. Todo lo que tienes que hacer es saberlo. Lo que sabes es tu tratamiento y tu paciente no es el hombre y no tienes que hacerle nada al hombre. Tu paciente es la creencia de que dos por dos son cinco, ése es tu paciente.
Entonces supón que el hombre viene a ti y te dice: “Tengo reumatismo”, ¿qué haces? Simplemente debieras decirte: no existe tal cosa; ¿cómo puede tenerlo si no hay tal cosa que se pueda tener? Es imposible.
Ten presente que tu paciente no es un hombre. Tu paciente es la pretensión, o la creencia de que hay tal cosa como el reumatismo; y cuando hayas repudiado y enfrentado esa creencia en tu propio pensamiento, habrás vencido. Cuando sabes eso, y no lo dudas en tu corazón, entonces has traído la ley de Dios a lo que atañe a la situación; y si mantienes tu yo aparte, no hay nada en el universo que pueda impedir que se haga la demostración.

La curación por la Ciencia Cristiana no es nada más ni nada menos que el cumplimiento de la ley; la presencia y actividad de ideas correctas. La enfermedad es un intento por parte de la mente mortal de hacer valer una ley falsa e ilegítima, y derrocarla con la verdad es la cosa más fácil del mundo. Una creencia falsa no puede operar como ley, y cuando lo sabes, aplicas a esa creencia todo el poder de la Mente divina. Luego ves que es Dios quien sana al enfermo gracias a Su ley inevitable, y el practicista está tan relacionado a esa ley como a la que dice que dos por dos son cuatro.

Dios provee la ley, la hace funcionar y el practicista la aplica. Esto es verdad porque el hombre es la idea correcta de Dios, y la presencia de la idea correcta es el cumplimiento de la ley.
Si tú piensas correctamente, los enfermos no pueden dejar de ser sanados. Se sanarán sin que te des cuenta. Esto “ilustra la acción espontánea de la energía divina en la curación de los enfermos” según lo escribe la Sra. Eddy en la página 445 de Ciencia y Salud.

Jesús dijo: “De mí mismo no puedo hacer nada. El Padre que mora en mí, Él hace las obras”.
Una vez, hablando conmigo sobre este punto, la Sra. Eddy me dijo: “En la época en que me dedicaba a sanar enfermos, nunca me fue trabajoso sanar. Cuando iba al cuarto de un enfermo, o cuando me traían a una persona, simplemente los miraba y me venía el pensamiento con mucha fuerza, ‘Pero, ¡qué extraño! ¿Cómo puede alguien estar enfermo cuando no existe tal cosa como la enfermedad? ¡Qué ilusión, qué creencia tan extraña! No puede ser y no es verdadera’, y la persona siempre se ponía bien”.

Algún día todos sanaremos sin argumentos, pero mientras tanto, hagamos uso del entendimiento que tenemos, por pequeño que pueda ser. Si no podemos sanar instantáneamente sin argumentos, sanemos con ellos. Ambas formas son igualmente científicas y eficaces. Si te dan un problema de aritmética para resolver mentalmente, y no puedes resolverlo mentalmente, resuélvelo con papel y lápiz; no dejes de resolverlo. Utilizar papel y lápiz es tan seguro y científico como usar la cabeza solamente y la respuesta será la misma. Siempre es mejor usar el método más corto, pero si no puedes resolverlo de una manera, resuélvelo de la otra.

¿Por qué no estamos haciendo mejores obras? ¿Por qué no estamos sanando más rápida y satisfactoriamente? ¿Es culpa de Dios? No. ¿Es culpa de la Ciencia Cristiana? No. Pues bien, ¿cuál es el por qué? Es porque admitimos para nosotros mismos que no podemos hacerlo, y porque tenemos temor de que no podamos hacerlo. Nos volvemos indolentes, negligentes y no estudiamos el libro de texto; nos permitimos que todo lo demás ocupe nuestro tiempo sin hacer lo más importante, o sea, leer y estudiar y mantener nuestro pensamiento claro.
Si no lo hacemos, vamos a volver a caer en la tendencia humana de admitir como real todo lo que la mente mortal nos presenta.
Como Científicos Cristianos, estamos trabajando constantemente contra el ser arrastrados por la corriente de la mente mortal, y a menos que vigilemos nuestro pensamiento, nos encontraremos aceptando cosas como reales que en otros momentos hubiéramos repudiado instantáneamente y sacado del pensamiento. Debemos despertar y dejar de permitir que el mesmerismo de la mente mortal se infiltre y tome posesión de nuestro pensamiento.

Debemos dejar de admitir que somos mortales, que estamos sujetos al pecado, la enfermedad y la muerte. Cuando admitimos estas pretensiones, estamos poniendo nuestro peso del lado incorrecto de la balanza. Estamos argumentando en contra de nosotros mismos y obstaculizando nuestro progreso. Tenemos que aprender a pensar en términos del Espíritu, no de la materia. Entre tanto consideremos ésto como una tentación, y veamos qué es lo que nos está empujando a esta condición de apatía.

La Sra. Eddy ha desenmascarado la forma más alta del mal como mesmerismo o magnetismo animal. Magnetismo animal es un nombre para todos los conceptos mentales erróneos que trabajan mesméricamente. Es el nombre de la idea equivocada, o creencia falsa, tratando de disfrazarse como real. Indica la supuesta actividad del mal. La Mente divina trabaja mediante la actividad de ideas correctas; la mente mortal pretende trabajar mediante la actividad mesmérica de pensamientos erróneos. Una creencia falsa no tiene poder ni inteligencia, no puede tener actividad; y cuando estamos tratando con lo que llamamos magnetismo animal, estamos tratando enteramente con algo que no tiene existencia real; es puramente ficticio y mitológico. Su poder e influencia son puramente imaginarios, y no puede dañarte más de lo que tu creencia se lo permita.
El magnetismo animal es algo simple de vencer cuando se lo desbarata como una creencia falsa y no como algo. El mal nunca es nada más que una creencia. Si intentas dominar el mal como mal, jamás podrás destruirlo, pero el mal manejado como magnetismo animal puede ser completa y fácilmente destruido.

¿Es posible salvarse de la enfermedad? ¡No! ¿De la creencia de enfermedad? ¡Sí! Si sueñas que la casa se está incendiando, ¿puedes extinguir las llamas? ¡No! ¿Qué puedes hacer para salvarte? Puedes destruir la creencia pero no las llamas. ¿Por qué? Porque no hay llamas para extinguir. ¿Puede Dios destruir las llamas en tu sueño? ¡No! No puede. Todo lo que Él puede hacer es darte la inteligencia que te permite ver que no hay nada que destruir, y con eso basta. Dice Dios: “Bástate mi gracia” (2 Cor. 12: 9) . Confiemos en Su palabra.

Magnetismo animal es el nombre bajo el cual todas las creencias del mal pueden ser tratadas. Puede parecer que hay muchas manifestaciones distintas del mismo. La enfermedad es magnetismo animal, el dolor es magnetismo animal, el temor es magnetismo animal. Si te olvidas y pierdes la paciencia o te enojas, es magnetismo animal. Efectivamente, todo lo que sea de naturaleza discordante es magnetismo animal, y tu éxito en manejarlo depende de que reconozcas este hecho.
Si fuéramos a entrar en una conversación sobre los distintos tipos de fiebres, todo lo que habláramos sería error ¿no es así? ¡Sí!
Si emprendieras la tarea de explicar las diferentes creencias de enfermedad, todo sería error ¿no es así? ¡Sí! Pues bien, todo lo que te diga sobre el magnetismo animal no puede ser verdad ¿no te parece? ¡No! Y sabrás que estoy hablando de él simplemente para mostrarte lo fácil que es deshacerse de él.

Puedes dividir la creencia en el magnetismo animal en dos: el ignorante y el malicioso. La creencia ignorante en el magnetismo animal es la creencia simple y común de los mortales en el pecado, la enfermedad, el malestar, el temor, el dolor, etc. etc. Se muestra a sí misma en una especie de oposición mental a la Verdad, porque cree en lo que está equivocado. Hará que la gente se ponga del lado de la enfermedad porque cree que está bien estar enfermo y que es natural tener mala suerte. Ahora bien, esta gente no sabe por qué acepta estas cosas; no sabe por qué su creencia en el error es más fuerte que su creencia en la Verdad; pero nosotros sabemos que están mesmerizados para creer en estas creencias, porque el error es mesmérico en su naturaleza. Pero si somos sabios, lo detectaremos y no nos dejaremos mesmerizar por él, no creeremos en la realidad del pecado, la enfermedad o la muerte.

Surge la pregunta ¿queremos vencer al magnetismo animal? ¿Es algo a lo que tenemos que prestar atención o debemos ignorarlo? Si sabemos con total convicción que el magnetismo animal y todo lo que está conectado con él es puramente un mito; si sabemos que no tiene absolutamente ningún poder, que no tiene mente, ni inteligencia ni vida, ni causa, ni ley o gobierno alguno, jamás podemos pensar ni por un instante que los tiene. Nunca puede hacernos nada sin nuestro consentimiento, y nunca tenemos que pensar en él ni considerarlo de ninguna manera en ningún momento.
Lo que es más, lo mismo se aplica en caso de enfermedad. Por ejemplo, si fuéramos a entrar a una ciudad que estuviera en medio de una epidemia de cólera, y si estuviéramos absolutamente convencidos de que no hay tal cosa como el cólera, que no existe el contagio, ni el temor a él, podríamos entrar a esa ciudad con inmunidad perfecta y jamás pensar en el tema. Puede haber algunos Científicos Cristianos que pueden hacerlo y la creencia en la enfermedad jamás entra en su conciencia. La mayoría de los Científicos, sin embargo, tendrán que manejar el asunto, sentarse tranquilamente y utilizar argumentos contra la realidad de la pretensión, hasta que estén completamente convencidos de su nada. La única razón por la que tendrán que hacerlo es porque la mente mortal se impele a sí misma a creer en la pretensión mesmérica de la realidad de la enfermedad.
De la misma manera, la mente mortal insiste en el argumento mesmérico del magnetismo animal, y hallaremos que es para nuestro beneficio, sentarnos calmadamente y desmenuzar esta pretensión mesmérica. Mientras dure una creencia de que el magnetismo animal puede tocarnos, es mejor saber que no puede hacerlo. Hay sólo una forma de manejar al magnetismo animal y es saber que no es nada. Los médicos han estado intentando hacerle frente durante siglos con medicamentos. ¿Han tenido éxito? ¡No! ¿Lo tendrán en el futuro? ¡No! ¿Por qué? Porque creen en su realidad, y la enfermedad sólo está cambiando de un lugar a otro y de una forma a la otra. Siempre la están combatiendo y siempre se les escapa. El Científico Cristiano la vence sobre la base de su nada y la enfrenta al destruir la creencia en ella.

Además de esta creencia en el magnetismo animal ignorante, existe la pretensión de que tiene un aspecto malicioso. A menudo los Científicos Cristianos cometen el error de no querer manejar esa creencia; parecen tener miedo de pensar en ella por temor a que les haga algo. Déjenme asegurarles que no les puede hacer nada.

Supongamos que sabes que alguien está tratando de mesmerizarte, ¿tendrías temor de decir que no puede hacerlo? ¿Tendrías temor de pensar que es una imposibilidad mesmerizarte? No creo que lo tengas. De hecho, estoy seguro que lo primero que dirías, al enterarte de que alguien está tratando de mesmerizarte sería: “No puede hacerse. No existe tal cosa como el mesmerismo”. Y cuando lo dices, estás manejando la fase maliciosa del magnetismo animal.

¿Cuál es la diferencia entre tratar de mesmerizarte para que cometas un crimen que aborreces por tu propia naturaleza o tratar de mesmerizarte para que pienses que estás enfermo? No hay ninguna diferencia. El proceso es el mismo. Pues bien, no tienes ni un ápice de temor a la primera clase de mesmerismo; ¿por qué debes temer a la segunda?

Todo el secreto de dominar cualquier clase de error, ya se trate de pecado, enfermedad, muerte, mesmerismo, hipnotismo, magnetismo animal, es saber que no es nada. Jamás puedes dominarlo sobre cualquier otra base. Todo es la creencia en el mesmerismo, cada pedacito y debe dominarse como tal, o no lo estás dominando para nada.

Supón que tienes conocimiento de que un enemigo está tratando de herirte mentalmente, ¿estarías justificado al confrontarlo mentalmente y negar que tiene poder para herirte? ¿Crees que estarías dominando la pretensión si la encaras de ese modo? ¡Claro que no! Estarías manejando a una persona y admitiendo la creencia en el mal. Lo que debes hacer es negar la creencia en el mal y dejar libre a la persona.

¿Qué es lo que crea las creencias erróneas? ¿Es tu supuesto enemigo? No. ¿Qué es entonces? Es la mente mortal. La mente mortal es tu enemigo. Si desterraras la creencia en la existencia de la mente mortal, aparecería la realidad y armonía de todas las cosas y verías que nunca hubo nada más que perfección. Pero si empiezas por manejar a Juan Pérez, sencillamente estás perdiendo tu tiempo y dañando a Juan Pérez. Sería mejor que trataras a un palo y esperaras conseguir resultados.
Ahora bien, supongamos que Juan Pérez te estuviera tratando a ti realmente. ¿No puedes ver que ambos están siendo las víctimas de la mente mortal? Juan Pérez es una víctima por un lado y tú eres la víctima por el otro. Una víctima no puede ayudarse a sí misma martillando a la otra. Si dos hombres se estuvieran ahogando, no podrían salvarse a sí mismos tratando de hundirse mutuamente.
Tu tratamiento no debería contener nada más que la mente de Cristo, lo que dice “calla, enmudece” a toda forma de error. No debes tener una pelea en tu tratamiento. Sólo las bestias pelean, y cuando lo hacen, la más grande siempre gana. Tú tienes que ser amable, caritativo y amoroso en todas las cosas. Si tienes un enemigo, ámalo; haz el bien a los que te odian y te usan con malicia. Si tu enemigo tiene hambre, aliméntalo; si tiene sed, dale de beber. El único modo de liberarte de un enemigo es amándolo. ¿Por qué? Porque si lo odias, fijarás la creencia de odio en él; fue el odio lo que lo hizo lo que es, y éso es de lo que hay que evitar. Él necesita menos odio, no más. Si lo amas, tu amor derritirá su odio, y tú probarás entonces que el amor es el único poder y él verá que no te odia y que nunca te odió. Ahora supón que no tienes éxito en liberarlo a él ¿entonces qué? Bien, si ese fuera el caso, es sólo porque no has tenido éxito en amar lo suficiente. Recuerda que “el amor desinteresado,” un amor que no contiene ningún motivo egoísta “recibe directamente el poder divino” (pág. 192) como nos lo dice Ciencia y Salud.

¿No es ése un magnífico descubrimiento? La Sra. Eddy fue la primera que se dio cuenta de ello. Fue su propia naturaleza amorosa lo que hizo posible ese descubrimiento. Transcurrieron siglos y nadie, desde la época de Jesús y sus discípulos había puesto científicamente esa doctrina en práctica como lo hizo ella. Sana la creencia en el odio igual que la idea correcta de la salud sana la creencia en la enfermedad.

Es el Principio divino, el Amor, lo que te sana y salva de todas las creencias en el mal. El Amor es Vida. Jesús tenía tanto amor que el odio no pudo matarlo; él siguió viviendo a pesar de las pretensiones de la muerte.