La Oración Científica

¿Hay una respuesta al aumento del mal que hoy en día amenaza hundir a la humanidad? ¿Hay algo que pueda detener el crimen, la corrupción, la guerra, el hambre, la enfermedad y la desesperación que se están esparciendo por todo el mundo? Estos desafíos ya no están lejos en el tiempo o en algún lugar distante, sino que están afectando la vida de cada uno de nosotros aquí y ahora. Es nuestra salud y seguridad, provisión y libertad que están siendo amenazados. Es nuestra propia familia y empleo, iglesia y país que están siendo sacudidos hasta la médula. Y el intelecto humano no ha podido suministrar ninguna solución a la desintegración de la civilización.

Mientras que parece no haber respuesta humana a estas necesidades urgentes, hay una respuesta espiritual para ellas. La Ciencia Cristiana nos provee de una forma de oración que responde a toda necesidad humana. Desde el descubrimiento de la Ciencia Cristiana en 1866 por Mary Baker Eddy, millones han experimentado el poder sanador de la oración científica.

Miles de testimonios que se encuentran en la literatura de la Ciencia Cristiana registran curaciones de ceguera, sordera, cáncer, problemas cardíacos, huesos quebrados, enfermedades mentales, colapsos nerviosos, alcoholismo, hábito de fumar, adicción a las drogas, pesar, soledad, carencia y muchas más. Nada sobre la tierra ha logrado tantas cosas buenas en esta época como la Ciencia Cristiana. Desde los tiempos del cristianismo primitivo no ha habido un fluir tan grande de bendiciones en el mundo.

Estas obras sanadoras muestran que algo increíblemente nuevo y distinto se ha introducido en la conciencia del mundo, algo que ofrece una solución viable a problemas individuales y mundiales.

Poca gente en la actualidad entiende la Ciencia Cristiana, lo que es y cómo opera. Muchos que han oído de ella, desean saber más. Una cosa parece cierta, y es que a medida que los problemas del mundo van aumentando sus exigencias y las respuestas humanas nos fallan, la gente en todas partes estará más dispuesta, hasta se verá forzada, a resolver sus dificultades mediante métodos divinos. Para hacerlo, necesitarán el enfoque científico para orar que enseña la Ciencia Cristiana.

¿Qué clase de oración logra resultados de tanta envergadura? La oración científica se basa en una forma muy avanzada de inteligencia. Es una manera de orar que debe entenderse
para que se realice la curación. No podemos explorar en este libro el todo de la Ciencia Cristiana, sólo podemos concentrarnos en un aspecto vital de esta Ciencia, que es el método de oración que se traduce en curación. ¿Cómo oramos para demostrar este poder sanador en nuestra vida?

Para decirlo sencillamente, la oración en la Ciencia Cristiana incluye primero, un estudio de las enseñanzas de esta Ciencia; y segundo, una forma científica de oración basada en estas enseñanzas.

Las enseñanzas de la Ciencia Cristiana se derivan de la Biblia. Están explicadas en su totalidad en el libro de texto de la Ciencia Cristiana, Ciencia y Salud con Clave de las Escrituras y en los otros escritos de Mary Baker Eddy. Estas enseñanzas nos permiten orar científicamente y sanar a través de medios espirituales solamente. Cuando se estudian cuidadosamente estas enseñanzas, ellas introducen en la conciencia un concepto espiritual acerca de Dios, el hombre y el universo –--es un punto de vista completamente opuesto al concepto material que sostiene el mundo actualmente.

El punto de vista material acerca del hombre y el universo se ha arraigado muy fuertemente a la conciencia del mundo, tan es así que para este punto de vista el mal y la materia parecen ser un mayor poder que Dios. El hombre aparece como el títere desvalido e impotente en un universo de causa y efecto materiales. El bien y el mal aparecen como si estuvieran relacionados, en lugar de ser opuestos claramente definidos. El temor y la confusión producidos por esta filosofía falsa se desvanecen a medida que se entiende y demuestra la Ciencia Cristiana.

La Ciencia Cristiana explicada

La Ciencia Cristiana hace una separación muy clara entre el bien y el mal, el Espíritu y la materia, la realidad y la irrealidad. Establece a Dios, el bien, como el único poder, la única causa. Dios es el Ser omnipresente, omnipotente y omnisciente, la única Mente, el Principio divino, el Amor. El hombre y el universo, discernidos espiritualmente, son una creación de la inteligencia y sustancia divinas. Dios es la única causa completamente armoniosa, el hombre y el universo son el efecto completamente armonioso de esta causa. Juntos contienen e incluyen a toda la realidad.

En la Ciencia Cristiana se demuestra que el mal o magnetismo animal es irreal y temporal. Todo lo que es malo, discordante, enfermo, pecaminoso o limitante no proviene de Dios, el bien. El mal es una ilusión de los sentidos materiales que se origina en la creencia en un poder aparte de Dios. No tiene ni vida ni principio, ni verdad ni inteligencia, excepto la que le da la mente humana ignorante, que no emite ninguna luz. Todo lo que es malo en la conciencia es temporal y erróneo. Todo lo que es bueno es semejante a Dios y eterno.

Estos pocos hechos sólo dan un breve esbozo de las ideas espirituales que se encuentran en la Ciencia Cristiana. El estudio profundo revela el alcance total de sus enseñanzas. A medida que estas ideas se van entendiendo, la totalidad del bien y la nada del mal se hacen un hecho científico. Cuando vamos aprendiendo a orar científicamente, entenderemos cómo la oración puede ser el medio por el cual se resuelven los desafíos que enfrentamos en la actualidad.

La oración de afirmación y negación

Hay muchas maneras de orar, y se puede experimentar curación mediante cada una de ellas. Pero la forma de oración que sólo se utiliza en la Ciencia Cristiana es la oración de afirmación y negación. Es más que un ruego pasivo a Dios para que nos ayude. Es un esfuerzo consciente para destruir las creencias materiales mortales y discordantes en la conciencia y para comprender más de las cualidades semejantes a Dios, inmortales y armoniosas que están dentro de nosotros. Emprendemos una lucha honesta para cambiar el punto de vista material por el espiritual utilizando alegatos mentales. Afirmamos con seguridad y confianza el poder y la realidad de Dios, el bien y negamos vigorosamente el poder y la realidad del mal. Alegamos conscientemente a favor de la Verdad y en contra del error en nuestro pensamiento.

Este método de oración produce cambios radicales en la conciencia. Contrarresta y destruye los pensamientos y emociones que hacen daño, que son discordantes y ocasionan sufrimiento, y desarrolla la verdad inmortal del ser. Este cambio de pensamiento resulta en curación espiritual, a medida que el pensamiento mejorado se manifiesta en mejor salud, mayor felicidad y un aumento del bien.

Esta es una versión muy simplificada de lo que es la oración científica, pero hasta un uso limitado de esta forma de oración puede a veces resultar en curaciones notables. No obstante, si la oración científica fuera así de simple, sería aceptada más ampliamente y se utilizaría con mayor éxito del que tiene. En realidad, el orar científicamente incluye muchísimo más de lo que se expone en esta breve reseña.

Pasos a seguir para orar con éxito

Si bien el estudio y la oración en la Ciencia Cristiana espiritualizan el pensamiento, esta espiritualización de la conciencia no viene con facilidad. La Ciencia es tan profunda que requiere que se piense sistemática e inteligentemente para entenderla. Una fe firme en las enseñanzas de la Ciencia Cristiana es un paso preliminar que conduce a demostrarla. Pero al final hay que abocarse a la tarea de cambiar la fe por el entendimiento espiritual para que la obra sanadora sea práctica y consistente.

Esta tarea puede ser muy gratificante cuando sabemos cómo realizarla. La Ciencia Cristiana es un tema tan infinito y las necesidades de cada persona son tan variadas que el enfoque de este trabajo debe ser individual. Cada cual tiene su propio camino a seguir y sus propias lecciones espirituales que aprender. Sin embargo ciertos requisitos de este trabajo parecen ser básicamente los mismos para la mayoría de nosotros. Para orar más eficazmente, es preciso considerar los siguientes puntos:

1. Hay que hacer tiempo suficiente para estudiar y orar todos los días.
2. Hay que utilizar este tiempo para orar por uno mismo.
3. Hay que examinar los pensamientos para poner al descubierto elementos
desemejantes a Dios en la conciencia que obstruyen el progreso espiritual.
4. Hay que hacer un estudio profundo de la Ciencia Cristiana para poder
orar inteligentemente.
5. Hay que usar la oración científica para destruir el error en uno mismo y
para espiritualizar la conciencia.
6. Hay que confiar en que el trabajo traerá resultados sanadores.

A medida que exploramos cada uno de estos puntos, debemos adaptarlos a nuestro enfoque individual de la oración. Estos seis puntos se ofrecen como una guía, no como una fórmula, para aprender la manera de demostrar la Ciencia Cristiana.

1. HAY QUE HACER TIEMPO SUFICIENTE PARA
ESTUDIAR Y ORAR TODOS LOS DÍAS

El estudio de la Ciencia Cristiana es la búsqueda para entender a Dios. Este trabajo de oración es un proceso educativo que desarrolla progresivamente las cosas profundas de Dios. Mediante el estudio y la oración, podemos disciplinarnos para pensar en la inteligencia divina. Los pensamientos de Dios se hacen nuestros pensamientos, a medida que Él se comunica con nosotros subjetivamente por medio del desarrollo de ideas espirituales.

Uno de los primeros requisitos para obtener entendimiento espiritual es tiempo, se precisa mucho tiempo para pensar sin presiones ni otras actividades en mente, tiempo para estar a solas con Dios. Es posible aprender la letra de la Ciencia Cristiana mediante el estudio diario de las lecciones bíblicas que están en el Cuaderno Trimestral y la lectura general de la literatura de la Ciencia Cristiana. Pero demasiado a menudo la somera lectura de la Ciencia no convierte la teoría en entendimiento espiritual. La Ciencia permanece siendo una filosofía inspirada, en lugar de una forma práctica de inteligencia divina que sana y transforma la conciencia. Un entendimiento que convierte la letra en Espíritu viene solamente en la proporción en que nos hacemos de tiempo y espacio en la conciencia para el desarrollo de ideas divinas. El pensamiento se espiritualiza cuando nuestra mente está tranquila, pensativa, escuchando, receptiva a las insinuaciones de la “voz callada y suave”. Si hiciéramos de la metafísica divina el punto focal del pensamiento durante varias horas todos los días, experimentaríamos un fluir de ideas inspiradas que contrarrestan las creencias mortales y espiritualizan la conciencia. Estas ideas gradualmente se van fortaleciendo y se convierten en un volumen de inteligencia divina que es el fundamento de la curación espiritual.

Para obtener este entendimiento, debemos hacer tiempo para Dios y abordar este trabajo espiritual con el estado mental adecuado. La habilidad para concentrarse completamente en la metafísica divina por largo tiempo es un talento que tiene que cultivarse. Este trabajo de oración no es compatible con un estilo de vida extremadamente activo y materialista. Es inútil tratar de cultivar la espiritualidad arrebatando un poco de tiempo para dedicárselo a la Ciencia Cristiana en medio de un día agitado.

Una mente llena de las actividades y demandas, presiones y problemas de una vida compleja no puede concentrarse exclusivamente en las cosas espirituales el tiempo suficiente para experimentar algún desarrollo duradero. La conmoción producida por la agitación de una vida super activa no aparece y desaparece a voluntad. Puede que abramos los libros para estudiar, pero si nuestro estado mental es caótico, se apresurará a hacer planes, a delinear proyectos nuevos, a pensar en los problemas actuales, a repasar en la memoria los problemas pasados, a conversar mentalmente o argüir con otros, a pensar en las cosas que tiene que ver o decir o comprar o hacer.

El estímulo diario de la televisión, los diarios, libros y películas, estorba la mente e impide que se concentre sin interrupciones. El tomar parte en obligaciones familiares y deberes en la iglesia y la interminable lista de cosas que desvían nuestra atención, todo eso nos aleja del trabajo espiritual. Puede que hagamos los movimientos de estudiar y orar, pero si no podemos despojarnos de nuestras preocupaciones mundanales, nuestra mente continuará cubriendo el mismo territorio mental de la misma manera día tras día. Los mismos patrones de pensamiento permanecen, porque no hay desarrollo espiritual que los cambie. Y así los mismos problemas continúan de una forma u otra.

Antes de que se realice la curación, el pensamiento tiene que espiritualizarse. Antes de que el pensamiento pueda espiritualizarse, tenemos que hacer tiempo y espacio en la conciencia para que se desarrollen ideas divinas.

Excusas para no orar

Esto parece algo tan simple, y sin embargo las excusas y razones para no encontrar tiempo para estudiar y orar son interminables. Por ejemplo, la situación en el hogar no es favorable para el estudio. Nuestra familia y trabajo demandan todo nuestro tiempo. Precisamos estar acompañados. En vez de alejarnos del mundo para buscar inspiración, tenemos que salir a él y dejar que nuestra luz brille. Necesitamos diversiones y pasatiempos que nos hagan aflojar, deportes y entretenimientos. Pasatiempos creativos como la pintura, la escritura, la música y otros por el estilo, enriquecen y satisfacen. El trabajo en organizaciones cívicas, sociales y religiosas es necesario para promover estas organizaciones y ayudar a quienes lo necesitan. A veces nos parece que nuestros problemas nos exigen tanto y nos abruman al punto de no poder alejarlos lo suficiente de nosotros como para adquirir un conocimiento de la verdad que los sanará.

Todas estas excusas parecen legítimas. De cualquier modo, hasta que nos hagamos tiempo para Dios, la discordia y la limitación de la existencia mortal permanecerán, porque no sabemos cómo sanarlas con la oración. El pensamiento que causa los problemas no puede sanarlos, y el pensamiento sigue sin cambiar. Sólo mediante la oración científica pueden superarse los pensamientos que producen las pretensiones de mortalidad. Yo recalco el punto de hacer tiempo para Dios porque es allí donde empieza todo progreso espiritual. Aún en las mejores circunstancias la espiritualización del pensamiento no es ni rápida ni fácil. No obstante, es el único camino que nos saca de la discordia y el sufrimiento mortales. Pensamos nuestro camino hacia el cielo. No hay otro camino para llegar allí.

Ejemplos del pasado

Los grandes líderes espirituales del pasado pasaron largos períodos de tiempo a solas con Dios preparándose para su trabajo. Moisés estuvo solo con sus pensamientos durante cuarenta años antes de sacar de Egipto a los Hijos de Israel. Cristo Jesús se retiró al desierto y las montañas para encontrar la soledad que necesitaba para escuchar la voz de Dios. La Sra. Eddy encontró este mismo tiempo para pensar con calma en las colinas de Nueva Inglaterra.

¿Qué estaban haciendo en estos períodos de aislamiento? ¿No es posible que estuvieran pensando, orando y luchando contra los límites de sus propias mentes hasta que traspasaron en su interior el velo de lo material y vieron el universo que Dios creó? Cada uno de ellos habló de la necesidad de apartarse del mundo para obtener espiritualidad. Moisés dijo: “Amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deut. 6:5). Cristo Jesús dijo: “No podeis servir a Dios y a las riquezas” (Mat. 6: 24)... “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mat 6:33). La Sra. Eddy escribe en Ciencia y Salud: “Una gran renuncia de cosas materiales tiene que preceder a esta avanzada comprensión espiritual” (pág. 16).

Si deseamos tener compresión espiritual, tenemos que trabajar para alcanzarla, y esto significa renunciar a las cosas materiales que nos quitan el tiempo suficiente para orar y estudiar. Al excluir compromisos innecesarios, dejar de hacer cosas que queremos hacer y prescindir de cosas que queremos tener, podemos simplificar nuestra vida hasta el punto en que contamos con una cantidad adecuada de tiempo para pensar. Nuestro estado mental está calmo. Podemos concentrarnos en la metafísica divina y escuchar en nuestro interior la voz de Dios.

Cuando renunciamos a cosas mundanas para hacer tiempo para realizar trabajo espiritual, pronto notaremos un cambio en nuestro pensamiento y nuestra vida. En este tiempo de silencio, se desarrollan ideas espirituales que nos sanan y protegen de enfermedades, malestares y accidentes. Las experiencias caóticas, perturbadoras, limitantes que llenan diariamente la vida de luchas y frustraciones se desvanecen. Nuestro trabajo de oración desarrolla respuestas a problemas que parecen no tener soluciones. Impide que entren en nuestro pensamiento las influencias del anticristo, tan agresivas en la conciencia del mundo. Destruye los elementos desemejantes a Dios que ya parecen estar allí. Y vierte en nuestra vida más bien del que cualquier plan humano podría tener la esperanza de consumar.

Los resultados sanadores de la oración

El poder sanador de este trabajo de oración se ve en la experiencia de una Científica Cristiana que era propensa a estar siempre muy nerviosa. Este estado era a menudo tan agresivo que encontraba difícil poder estar tranquila por un momento. Se sentía impelida a estar constantemente ocupada. La razón de esta actividad incesante era un sentido de inseguridad. Debido a su amor por la Ciencia Cristiana, empezó a asignar un tiempo todos los días para leer y orar para sí misma consagradamente. En esta época sus hijos eran muy chicos y el único momento de silencio que tenía para hacer este trabajo eran unas pocas horas por la noche.

Una noche, cuando estaba leyendo, empezó a vislumbrar el amor universal de Dios por el hombre. La idea que le vino fue que en la totalidad del universo de Dios no había ni un solo pensamiento de crítica; no había ningún conflicto, ni crítica ni desaprobación. La ley del Amor era el Principio divino que constituye la base de todo ser verdadero. Esta idea acarreó consigo un mejor entendimiento del amor de Dios para ella. Con esto, le vino una sensación de paz y tranquilidad que no había conocido antes. Se sintió muy calma, segura y amada. A medida que este cambio de conciencia permaneció y se fortaleció, se dio cuenta que había sanado de la creencia de nerviosismo.

Al analizar esta curación, ella vio que el nerviosismo era el resultado de un temor a ser criticada. No se había percatado antes de este temor, y ciertamente no lo había asociado con el nerviosismo. Sin embargo, cuando la causa mental fue destruida mediante el desarrollo espiritual, la manifestación externa desapareció. Ningún razonamiento humano pudo haber puesto al descubierto esta creencia y haberla destruido con tanta eficacia como lo hizo la verdad que se le reveló en estos momentos de calma que pasó pensando acerca de Dios.

Curaciones como ésta están al alcance de todos nosotros. Cuando nos disciplinamos para descartar las distracciones sin fin que pretenden despojarnos de este tiempo a solas con Dios, cuando nos rehusamos a poner excusas por descuidar este trabajo, cuando vencemos una sensación de culpa porque no parecemos estar ocupados en algún “trabajo productivo”, entonces puede empezar de veras la espiritualización del pensamiento. Los demás puede que no entiendan esta consagración a Dios, pero lo que ellos piensan no debe preocuparnos. ¿Qué mayor amor podemos tener por ellos que salir del mundo y espiritualizar nuestro propio pensamiento lo suficiente como para sanarnos a nosotros mismos y a otros? En la proporción en que establecemos tiempo suficiente para estudiar y orar, podemos darle orden y dirección a este trabajo para asegurar que tenga como corolario resultados sanadores.

2. HAY QUE UTILIZAR ESTE TIEMPO PARA ORAR POR UNO MISMO

Es importante que nuestro trabajo de oración en la Ciencia Cristiana tenga resultados sanadores. Las curaciones son una medida de progreso espiritual. Nuestra práctica de la Ciencia Cristiana se inicia con la curación de nuestro estado mental. La espiritualización del pensamiento comienza cuando aprendemos a orar por nosotros mismos. No se puede recalcar demasiado la importancia de relacionar este trabajo de oración a nuestras propias necesidades. Cuando le damos la espalda al mundo todos los días y prestamos atención completa a nuestro desarrollo espiritual, nuestro trabajo se realiza en el punto donde se hace posible la curación continuamente. Al trabajar por uno mismo, nuestras oraciones consagradas no se dispersan sobre una cantidad de problemas, tales como necesidades familiares o de la iglesia o del mundo. Se concentra en un solo objetivo, a saber, el de espiritualizar nuestra propia conciencia, y por eso nuestro trabajo se lleva a cabo en una atmósfera mental en que la curación se puede lograr con mayor facilidad.

Una vez que experimentamos el poder sanador de la oración en la Ciencia Cristiana, puede que nos sintamos obligados a orar por otros que necesitan curación, pero no podemos ni debemos orar por ellos. Si bien los otros precisan nuestras oraciones, nos podemos sentir abrumados y sobrecargados con la responsabilidad de ayudarlos, o solucionar los problemas que ellos nos imponen. Cuando este trabajo se esparce entre muchas mentes y demasiadas situaciones discordantes, es tan diluído que pierde su eficacia. Así, produce poca o ninguna curación.

Cuando nos desprendemos de un sentido de responsabilidad por los demás y trabajamos sólo para nosotros mismos, empezamos a demostrar la Ciencia Cristiana en nuestra vida. Tal vez hallemos que este método no sólo nos sana a nosotros, sino a otros también. Recuerdo los resultados inesperados que tuve cuando por primera vez empecé a trabajar primordialmente por mí misma. Tenía muchos problemas personales que no cedían al trabajo general que hacía para solucionarlos. Entonces, un día, sintiéndome muy desalentada y cansada de llevar la carga de tratar de resolver estas pretensiones, solté a los individuos involucrados y los problemas que parecían estar presentando. Dejé de sentirme responsable de resolver estos problemas y los dejé con Dios. Recurrí a los libros y trabajé para mí. Oré simplemente para conocer mejor a Dios. Cuando lo hice, los problemas comenzaron a desaparecer.

No es egoísta concentrarse casi enteramente en nuestro propio crecimiento espiritual, sino que es práctico. Hace que se sucedan las curaciones en nuestra experiencia, y nos equipa para ayudar a otros con mayor eficacia porque primero hemos demostrado la verdad en nuestra propia experiencia.

Las tres leyes que sustentan el trabajo sanador

¿Por qué es tan importante orar por uno mismo? Porque al hacerlo se hace uso del proceso espiritual de curación que se encuentra en la Ciencia Cristiana. La curación científica se basa en tres leyes espirituales:

1. Nuestro pensamiento determina nuestra experiencia
2. Nuestro pensamiento puede espiritualizarse mediante un entendimiento de la Ciencia Cristiana
3. Este pensamiento mejorado tiene entonces que manifestarse en una experiencia mejorada.

Estas tres leyes son el fundamento de nuestra labor sanadora. Examinemos el hecho muy simple pero profundo: nuestro pensamiento determina nuestra experiencia. Para alguien que no ha sido instruido en la Ciencia Cristiana, este hecho parece totalmente contrario a lo que pretenden los sentidos materiales. Parecería que causas externas tales como el destino, el azar, las circunstancias, la herencia, leyes materiales, rasgos y características mortales, condiciones económicas, etc., controlan la existencia humana. Pero si observamos el poder del pensamiento para moldear nuestra experiencia, encontramos que las condiciones de nuestra vida son nuestros pensamientos íntimos objetivados. Nuestros pensamientos pasan a crear nuestra vida. Todo lo que existe como parte de nuestra vida debe existir primero como parte de nuestra mente. Este hecho se aplica a toda experiencia humana ya sea que la persona esté consciente de ello o no.

Si los pensamientos de una persona son predominantemente mortales, se manifiestan en una vida mortal. Nace con ciertas inclinaciones, y en sus primeros años desarrolla un estilo de vida moldeado por la educación y el medio ambiente. Cuando se llega a la madurez, esta estructura de pensamiento por lo general está tan establecida y fija, que cambia muy poco con el paso de los años. La mente mortal manifiesta su propia esfera mental que denomina vida. Por más que nuestra vida parezca ser moldeada por causas externas, el hecho que permanece es que en realidad los pensamientos conscientes e inconscientes de la persona se manifiestan como su experiencia. Siempre sus pensamientos son anteriores a su experiencia.

Cuando una persona ejerce poco o ningún control sobre su pensamiento, tiene poco o ningún control sobre su vida. Parece vivir a merced de fuerzas externas porque el pensamiento, no educado en ideas espirituales, manifiesta una vida mortal.

Consideremos el significado de esta ley a la luz de la Ciencia Cristiana. Si realmente estuviéramos a la merced de causas externas a nuestras mentes, entonces seríamos impotentes para superar muchas condiciones discordantes que parecen ser parte de nuestra existencia. Si las leyes materiales pudieran pronunciar algunas enfermedades como incurables, si las condiciones sociales y económicas pudieran limitar el bien, el poder de estas condiciones externas sería demasiado para superar, y estaríamos justificados al aceptar y ajustarnos a ellas. Pero la Ciencia Cristiana muestra que el individuo que es ignorante de la metafísica divina, alberga como convicción concreta las formas de mente mortal o magnetismo animal que producen la discordia y limitación que experimenta. Da por sentado que estos problemas tienen su origen en causas externas a su mente, cuando en realidad tienen su origen en puntos de vista mentales fijados tan indeleblemente en la conciencia que se manifiestan como su experiencia.


Cambio interior mediante la oración

Los esfuerzos humanos pueden alterar estas convicciones solamente en pequeño grado. Pero en la Ciencia Cristiana ellos pueden cambiarse completamente a medida que la oración científica va desarrollando ideas divinas. Esto nos conduce a la segunda ley básica de la curación espiritual: el estado mental mortal puede ser transformado mediante el estudio y la oración en la Ciencia Cristiana. El tiempo que se emplea todos los días en el estudio y la oración puede renovar el ser interior, porque el pensamiento nunca está tan endurecido como para que no ceda a la iluminación espiritual. La oración puede destruir hasta las creencias materiales más profundamente arraigadas.

La Ciencia Cristiana produce un cambio trascendente en la conciencia, porque introduce un punto de vista acerca de Dios y el hombre que es diametralmente opuesto al punto de vista material, y nos educa a pensar en este punto de vista nuevo y distinto. Si el ser interior es humilde, flexible, receptivo a nuevas ideas, entonces la verdad, activa en la conciencia, tiene un efecto sanador muy potente en la mente. El estudio consagrado provoca una suave quimicalización interior. Conduce a una espiritualización gradual de los pensamientos más íntimos.

A través de nuestro trabajo de oración, podemos sentir que se lleva a cabo este cambio mental. El temor disminuye, la inteligencia se expande, la voluntad personal cede, se desarrolla la humildad, se disuelve el odio, crece el amor. Hay un viraje constante de metas, normas, valores, conceptos e ideas de lo material a lo espiritual. Hábitos y características mentales desemejantes a Dios disminuyen y desaparecen a medida que el ser interior se modela y vuelve a modelarse de acuerdo a una naturaleza más elevada. A menudo estamos conscientes de este cambio interior cuando ocurre. Con la oración científica, hasta podemos tomar la iniciativa y causar esta regeneración espiritual en nosotros mismos.

Es de primordial importancia reconocer que este cambio mental es posible. En efecto, es esencial para la curación y el crecimiento espirituales. Para una curación permanente de experiencias limitantes, discordantes y de sufrimiento, tiene que efectuarse un cambio en la conciencia que destruye el pensamiento erróneo que las causa.

En el libro de la Sra. Eddy La Unidad del Bien leemos sobre este cambio mental: “Tarde o temprano, toda la raza humana aprenderá que a medida que el ego inmaculado de Dios sea comprendido, la naturaleza humana será renovada, el hombre adquirirá una individualidad más elevada derivada de Dios, y la redención de los mortales del pecado, la enfermedad y la muerte será establecida sobre cimientos eternos” (p. 6).

Esta renovación de la mente se realiza con el estudio y la oración. Cuando ocurre este cambio interior, entonces la curación tiene que evidenciarse a través de la tercera ley espiritual: el pensamiento mejorado se manifiesta en un estado de existencia mejorado. Debido a que es una ley el hecho de que nuestro pensamiento determina nuestra experiencia, esta ley opera en nuestro beneficio a medida que progresamos espiritualmente. Un estado de conciencia mejorado tiene que avanzar y manifestarse en nuestra vida en mejor salud, relaciones más felices, mayor provisión, una existencia más armoniosa en todo sentido.

Definición de la transformación mental

A medida que estudiamos cuidadosamente los escritos de la Sra. Eddy, encontramos que ella describe repetidamente el cambio de conciencia que tiene que tener lugar si es que vamos a encontrar salud y felicidad perdurables. Ell siguiente pasaje de Ciencia y Salud es específico para definir esta transformación mental.

Primero tenemos la “traducción científica de la Mente inmortal”:

“DIOS: Principio, Vida, Verdad, Amor, Alma, Espíritu, Mente, divinos.
HOMBRE: la idea espiritual de Dios, individual, perfecta, eterna.
IDEA: una imagen en la Mente; el objeto inmediato de la comprensión”.
Diccionario Webster

A continuación tenemos la “traducción científica de la mente mortal”, dada en tres estados de conciencia – “Irrealidad”, “Cualidades de transición” y “Realidad”:

“Primer Grado: Depravación.

FÍSICO. Creencias malas, pasiones y apetitos, temor, voluntad depravada, justificación propia, orgullo, envidia, engaño, odio, venganza, pecado, enfermedad, malestar, muerte.

Segundo Grado: Las creencias malas en vías de desaparecer

MORAL. Humanidad, honradez, afecto, compasión, esperanza, fe, mansedumbre, templanza.

Tercer Grado: Comprensión

ESPIRITUAL. Sabiduría, pureza, comprensión espiritual, poder espiritual, amor, salud, santidad”. (págs. 115-116)

Las tres etapas de conciencia delínean la reforma por la que pasamos a medida que demostramos la Ciencia Cristiana al máximo. Esta reforma empieza cuando usamos las tres leyes espirituales como guía para este trabajo.


Oración objetiva y subjetiva

Al analizar las tres leyes básicas, vemos que la curación depende del cambio mental que se realiza cuando se espiritualiza el pensamiento. Si el punto de vista mental puede renovarse aunque sea un poco, entonces se ha producido alguna curación en el ser interior. Este cambio entonces tiene que manifestarse en una experiencia humana mejorada. Al demostrar este proceso purificador, debemos entender la diferencia entre la oración objetiva y la subjetiva.

Cabe recordar que la mente humana está inclinada a echar la culpa de sus problemas a causas externas. Por ser ésta una tendencia universal, no es de extrañar que un estudiante de la Ciencia Cristiana empiece sus esfuerzos por sanar tratando sus problemas como si fueran el resultado de causas materiales o mentales fuera de su conciencia. Por ejemplo, puede atribuirle los resfríos o la gripe al estado del tiempo o a gérmenes, el cancer a un virus, visión defectuosa a una enfermedad, a la herencia o a la edad. Puede que crea que el éxito limitado se debe a que los demás no le dan oportunidades o no reconocen su potencial. Puede que considere que las condiciones mundiales, la economía, la política, las reglas de la sociedad, los prejuicios raciales, los métodos educativos y cosas por el estilo, son poderes externos que determinan la cantidad de bien que posee. Habitualmente encuentra alguna causa objetiva para la discordancia y la limitación en su vida. Entonces se pone a orar científicamente para impedir o superar lo que aparece en su vida como los efectos nocivos de causas externas. Utiliza la oración para sobreponerse a la discordia, pero ve estas condiciones como originadas fuera de su propia conciencia. Cuando este trabajo resulta en curación, aparece como que ha sanado problemas impuestos sobre él por condiciones externas. En realidad lo que está sanando son los efectos de su propio pensamiento. Su vida es la imagen objetiva de su propia conciencia, por ende lo que está corrigiendo es el error o magnetismo animal en su propia mente, y al hacerlo, se produce la curación.

Cuando la dificultad que está tratando de vencer no es demasiado seria, por lo general sanará. Los resfríos, los dolores de cabeza, enfermedades contagiosas, la súbita falta de empleo o un translado, una disputa o malentendido con un amigo, todo esto puede ser sanado mediante el manejo de estas condiciones como formas objetivas de error, porque esa clase de desafío no está profundamente arraigada en la conciencia.

Pero gradualmente el estudiante puede comprender que este enfoque de su trabajo metafísico no afecta problemas o limitaciones que parecen ser una parte permanente de su experiencia. Sus esfuerzos para superar la carencia constante, problemas físicos obstinados, o relaciones discordantes crónicas puede que no tengan tanto éxito. Problemas tales pueden rehusarse a ceder ante su trabajo, o puede que cedan temporalmente, o que desaparezcan para luego volver. Orar de manera objetiva no basta para destruir estos problemas, porque ese trabajo no toca los rasgos y creencias mortales que son los causantes de los problemas. Por consiguiente el Científico debe examinar sus pensamientos íntimos para detectar la causa de problemas crónicos.

Este trabajo más avanzado adquiere una naturaleza subjetiva. Requiere un cambio de enfoque para concentrar la atención en el yo interior en lugar del mundo exterior. A medida que nos hacemos cada vez más conscientes de la naturaleza subjetiva de la oración científica, empezamos a trabajar menos con causas que parecen pertenecer al mundo exterior y más con los elementos de nuestra propia mente. El punto focal de nuestra curación se aleja de personas, cosas y acontecimientos y se acerca a Dios y Sus ideas, ataca al magnetismo animal y sus sugestiones mentales hipnóticas. Empezamos por destapar el error en nuestro interior que es el que produce condiciones discordantes. Esto simplifica más nuestro trabajo porque nos estamos esforzando por cambiar sólo nuestro pensamiento subjetivo, nada más. La oración por el yo subjetivo o sea los pensamientos más íntimos puede sanar las formas más obstinadas de magnetismo animal. Una vez que triunfamos en este enfoque sanador, por más que sea en un pequeño grado, comenzamos a ver que no hay problema que pueda escapar para siempre al poder sanador de la oración, porque no hay creencia mortal en la conciencia que sea impermeable al cambio, una vez que se le aplica nuestro trabajo de oración.

En este trabajo subjetivo, las ideas espirituales que van surgiendo de nuestro estudio de la Ciencia empiezan a penetrar debajo de la superficie de la conciencia y a cambiar los patrones de pensamiento mortal que antes parecían impermeables al cambio. A medida que entendemos la naturaleza del hombre como imagen de Dios, empezamos a comparar la forma en que pensamos con la forma en que deberíamos estar pensando como hijos de Dios. Mediante la oración de afirmación y negación, efectuamos entonces conscientemente un cambio para bien en nuestra atmósfera mental al negar las creencias y rasgos mortales, y afirmar las cualidades de nuestra individualidad verdadera.

Para hacer un trabajo sanador cabal, es importante discernir la diferencia entre el trabajo objetivo y subjetivo. Si todo el tiempo y esfuerzo se utiliza para tratar de sanarnos o protegernos de los efectos dañinos de causas externas, si oramos para cambiar problemas que vienen a nosotros de “allá afuera”, entonces lo más probable es que los pensamientos más íntimos cambiarán muy lentamente, si es que cambian en algo. Pero si excluimos al mundo durante varias horas todos los días y nos esforzamos por entender más a Dios, por conocer al hombre a Su semejanza, y por detectar y vencer el pensamiento desemejante a Dios adentro de nosotros, podemos cambiar conscientemente nuestro modo de pensar. Con este esfuerzo consagrado para espiritualizar nuestro yo interior, aún las formas de enfermedad, discordia y limitación más desafiantes, cederán a este trabajo y desaparecerán.

En Ciencia y Salud, la Sra. Eddy nos dice: “La anatomía, espiritualmente comprendida, es autoconocimiento mental y consiste en la disección de pensamientos para descubrir su calidad, cantidad y origen. ¿Son divinos los pensamientos o son humanos? Ésa es la cuestión importante. Esa parte del estudio es indispensable para la excisión del error. La anatomía de la Ciencia Cristiana enseña cuándo y cómo se han de sondear las heridas del egoísmo, la maldad, la envidia y el odio, que uno se inflige a sí mismo. Enseña a dominar la ambición desenfrenada. Revela las sagradas influencias del altruísmo, de la filantropía, del amor espiritual” (pág. 462). Alcanzamos esta individualidad más elevada en la proporción en que aprendemos a orar subjetivamente.

Es de tanta importancia entender la diferencia entre la oración subjetiva y la objetiva que voy a dar una simple ilustración para aclararla. Supongamos que tenemos quince manzanas y tres niños, queremos dividir las manzanas equitativamente entre ellos. No obstante, no sabemos nada de matemáticas. Podemos empezar teniendo fe en que existe la respuesta correcta para este problema, una solución que será justa para cada uno de los niños. Pero puesto que no estamos familiarizados con la división sólo podemos confiar en que es posible alcanzar una respuesta correcta. Entonces podemos razonar que al dar a cada niño una manzana a la vez, las manzanas van a ser distribuidas por igual entre ellos. Al hacerlo llegamos a una respuesta correcta. Cada niño recibe cinco manzanas.

Por otro lado, supongamos que hemos estudiado matemáticas y entendemos la división. Ante este problema no tendremos en cuenta el cuadro externo y resolveremos el problema subjetivamente. Entonces podríamos decirle a los niños: “Cada uno de Uds. puede llevarse cinco manzanas”. Sabemos que la división de manzanas es justa y que podemos resolver cualquier problema similar a éste, se tratara de tres niños y quince manzanas o de tres cientos niños y mil quinientas manzanas.

Al comparar este ejemplo con el trabajo subjetivo y el objetivo en la Ciencia Cristiana, supongamos que tenemos un problema físico atribuido a cierta causa física. Al no estar consciente de que la causa estaba realmente en nuestro propio pensamiento, vamos a estar propensos a tratarlo objetivamente, a trabajar para liberarnos y separarnos de causas materiales nocivas fuera de nuestro propio pensamiento. Si tenemos una gran fe en nuestras declaraciones de la Verdad y si el problema no era muy difícil, este trabajo puede resultar en una curación. Pero si el problema es muy desafiante y es causado por algún error arraigado en los pensamientos más íntimos, este trabajo no sería suficiente para sanarlo permanentemente. Puede que ni siquiera tenga resultados que se noten.

Si hemos sido fieles en nuestro estudio diario, debemos tener una base de entendimiento espiritual a la que podemos acudir en tales casos. Además sabremos que el problema no se debe a ninguna situación exterior y empezamos a trabajar subjetivamente, examinando nuestro pensamiento, analizando nuestras emociones, estudiando sinceramente la Ciencia Cristiana, orando para ser iluminados y usamos la oración científica para contrarrestar toda causa mental que presenta el problema. Al actuar de este modo, trabajamos enteramente dentro del ámbito de nuestra atmósfera mental. Si este trabajo es cabal y persistente, tendrá como corolario el desarrollo de la Verdad necesaria para liberarnos del magnetismo animal que causó el problema. El trabajo tiene que producir un cambio mental interior categórico. Hasta podemos saber que estamos sanos antes de que exista alguna señal exterior de la sanación.

Este enfoque subjetivo de la curación puede aplicarse a toda necesidad. Cualquiera sea el problema, por más que la mayor parte de él parezca deberse a causas externas, el hecho permanece de que es parte de nuestra experiencia porque primero es parte de nuestro pensamiento. Cuando la creencia mortal sale a luz y es destruida y sustituida por la idea espiritual correcta, entonces es una ley que este cambio interior tiene que manifestarse en curación.

A medida que trabajamos subjetivamente, luchando para sanar las creencias y emociones mortales dentro de nosotros, poco a poco las pretensiones de la mente mortal se aflojarán, se quebrantarán y desaparecerán paulatinamente. La creencia en la realidad de la materia, la ley material, la existencia material, el hombre mortal y el universo material serán reemplazadas por conceptos espirituales acerca de Dios, el hombre y la creación divina.

Para continuar definiendo el trabajo metafísico subjetivo, precisamos considerar sus dos aspectos principales: primero, el autoexamen y segundo, el estudio y la oración. Más adelante abordaremos el tema del estudio y la oración, pero primero es necesario ver la importancia del autoexamen.

3. EXAMINEMOS NUESTROS PENSAMIENTOS

Si nuestro pensamiento determina nuestra experiencia, entonces es provechoso conocer lo que estamos pensando. Esto requiere autoexamen, es decir, mirar por debajo de la superficie de la conciencia y analizar cuidadosamente lo que pensamos para eliminar los rasgos y creencias desemejantes a Dios.

La Ciencia Cristiana hace una distinción muy clara entre lo real y lo irreal, lo mortal y lo inmortal, la Verdad y el error, el Espíritu y la materia. La Ciencia nos capacita para conocer la diferencia entre ambos de manera de poder orar del lado de la verdad y contra el error en nuestra propia conciencia.

Este trabajo no es una tarea sicológica muy intrincada. Es una tentativa simple y directa de usar la Ciencia Cristiana para espiritualizar toda la conciencia. Podemos lograr cambios reales y perdurables en nuestra manera de pensar si tomamos la iniciativa, examinamos nuestro pensamiento, detectamos y rechazamos el magnetismo animal adentro hasta que cede y desaparece. En La Unidad del Bien, la Sra. Eddy declara: “Si los mortales se sienten contentos en esta llamada existencia, es porque están en su elemento natural de error, y tendrán que sentirse descontentos, desasosegados, antes de que el error pueda ser aniquilado” (pág. 58). Si el deseo de espiritualizar la conciencia es sincero, vamos a ser cada vez más concienzudos, honestos y exactos al comparar nuestra atmósfera mental con el estado de conciencia semejante a Dios que debemos estar expresando.

Un estudio ocasional de la Ciencia Cristiana no es suficiente para destruir las múltiples formas del magnetismo animal en nuestro interior ni para obtener un nivel espiritual de pensamiento. Para purificar el pensamiento se requiere mucha introspección, ya que los rasgos y características equivocados y materiales a menudo son difíciles de definir y pueden presentar mucha oposición antes de ceder a nuestro trabajo. Por otra parte, están entrelazados con el bien en nuestro interior, de modo que pensamos en ellos sin esfuerzo. Muchas formas de pensamiento mortal pasan a establecerse como parte integral de nuestro ser a una edad temprana. Son patrones de pensamiento condicionado que no disminuyen ni desaparecen con los años. Para liberarse de un yo mortal, tenemos que llegar a conocernos, sondear las profundidades de nuestra mente, analizar los pensamientos escondidos, discernir los hábitos mentales erróneos y después corregirlos mediante la oración.

Los tres niveles de la mente

Para tener éxito en esta empresa de autoexaminarnos, es útil visualizar la mente como si tuviera tres niveles, similares a las capas de una cebolla. El nivel de afuera o la capa de la superficie está compuesto de pensamientos y emociones específicamente definidos según se relacionan con el mundo exterior. El nivel del medio contiene los rasgos de carácter que constituyen nuestra personalidad. El nivel interior contiene nuestras convicciones fundamentales acerca de Dios, el hombre y la creación. Estas tres capas se interrelacionan y contienen los pensamientos que determinan nuestra experiencia. Deberíamos analizar cada nivel para renovar la totalidad de nuestra conciencia.

El nivel exterior es la expresión de nuestro yo humano que sale a la superficie. En este nivel, nos expresamos de maneras específicas, es lo que constituye nuestra apariencia y modales, nuestra manera de hablar con los demás, el tipo de trabajo que desempeñamos, la forma en que nos desempeñamos en él, cómo nos llevamos con los demás, la clase de amistades que tenemos, la manera en que manejamos nuestras finanzas, la clase de casa que tenemos, los pasatiempos e intereses que perseguimos, etc. Este nivel es la expresión concreta de nuestra propia individualidad, que es única, incluye nuestras opiniones, valores, moralidad, metas, ambiciones, intelecto, talentos, gustos, deseos, habilidades y aptitudes. Nos relacionamos con los demás a través de este nivel, y los demás se relacionan con nosotros mediante acontecimientos y circunstancias específicas. A través de este nivel, recogemos nuestras impresiones del mundo y ellas manifiestan la expresión de nosotros ante los demás.

Cuando se lleva a cabo la sanación en el nivel superior de la conciencia, lo que se ha sanado son los efectos más exteriores de nuestro pensamiento. Si el problema no es demasiado grave, cederá a nuestro trabajo de oración y desaparecerá. Si este uso ocasional de la Ciencia Cristiana es todo lo que pedimos de ella, entonces nuestro entendimiento de esta Ciencia será limitado. Cuando no nos acosa ningún problema apremiante, puede que nos sintamos inclinados a ignorar la necesidad de estudiar y orar diariamente. Nuestra confianza en Dios es más afín con la curación por la fe que con la curación científica, porque deja intactas las creencias más tenaces del magnetismo animal en el segundo y tercer nivel de la conciencia. Cuando surge un problema grave como consecuencia de pensamientos malos crónicos en estos niveles más profundos, hallaremos que nos falta el entendimiento espiritual que se requiere para sanarlo. Si no hacemos el esfuerzo por entender las enseñanzas más profundas de la Ciencia, entonces estamos limitados en su uso y puede que nos encontremos ajustándonos a los problemas en lugar de sanarlos.

Elementos mentales en el nivel medio

Si deseamos demostrar mejor la Ciencia Cristiana, tenemos que hacernos más introspectivos. Esto significa penetrar la superficie de la mente y analizar los contenidos de los niveles medio e interior. El nivel medio contiene los elementos mentales que constituyen nuestra disposición humana, nuestros pensamientos y sentimientos mortales e inmortales; el Cristo y el anticristo; distintos grados de amor y odio, egoísmo y altruismo, conocimiento humano, inteligencia y sabiduría; sentimientos positivos de compasión, perdón, gentileza, bondad y emociones negativas de dureza, odio, orgullo, envidia, temor, animosidad y egoísmo.

El nivel medio puede incluir muchas cualidades espirituales. El hombre en la Ciencia Cristiana se define como bueno, amoroso, generoso, amable, comprensivo, moral, paciente, honesto, justo, auténtico, ordenado, inteligente, sabio, creativo, gozoso, fuerte, hermoso, misericordioso, puro, saludable, feliz. Estas y otras cualidades espirituales están presentes aquí y ahora en todos nosotros. Este nivel también contiene las características erróneas y creencias materiales de la mente mortal. En este nivel hay formas de magnetismo animal tan comunes que nunca cuestionamos para determinar si son buenas o malas. Creemos en el poder del mal, el destino, la suerte y el azar. Tenemos una filosofía material que pretende que el hombre es materia y está gobernado por leyes materiales. Tenemos ciertas supersticiones, tradiciones, opiniones, nociones y prejuicios. Tenemos una estructura de inteligencia material formada no sólo por la educación formal, sino también por el estar expuestos a diario a la mente mortal a nuestro alrededor.

En esta capa además están las emociones animales magnéticas que pretenden ser parte de nosotros. En Ciencia y Salud, a menudo se describe al mal en términos tales como voluntad depravada, ambición desenfrenada, odio, temor, envidia, celos, lujuria, falsos apetitos y pasiones, venganza, deshonestidad. Estos términos sugieren que el magnetismo animal puede ser detectado con facilidad. A veces es dolorosamente evidente, por lo general más en los otros que en nosotros mismos. Pero en la persona predominantemente buena, la enfermedad, las dolencias o la discordia vienen con frecuencia en la forma de emociones mortales que parecen tan pequeñas, tan insignificantes, tan universalmente aceptadas como parte de la naturaleza humana, que no necesariamente se las reconoce como la causa del problema. El individuo básicamente bueno puede que justifique estos errores como debilidad humana que debemos superar algún día. Puede que se identifique con ellas como su personalidad humana y se aferre a ellas como si fueran deseables. Hasta puede que esté orgulloso de ellas.

Algunas de las emociones mortales más comunes de la naturaleza humana son el egoísmo, la justificación propia, la obstinación, el amor propio, la voluntariedad, el poner excusas, la holgazanería, el temor, la sensibilidad excesiva, el resentimiento, el complejo de inferioridad, el pesimismo, los sentimientos heridos, la desilusión, la soledad, la inseguridad, el sentirse inadecuado, culpable, la conmiseración propia, la autocondenación, el no sentirse amado, el sentirse rechazado, el odio, la animosidad, la venganza, la impaciencia, la irritación, el no perdonar, el ser desconfiado, airado, el tener mal carácter, ser grosero, dominante, el censurar, la altanería, la envidia, los celos, la crítica, la codicia, la ambición, el ser sospechoso, la hipocresía, el engaño, la desonestidad, el egotismo, la frialdad, la indiferencia, la exclusividad, la crueldad, la agresividad, el sensualismo, la frivolidad, la impetuosidad, la terquedad, la avaricia, la pequeñez, el carácter pendenciero, etc.

Efectos nocivos de las emociones negativas

Nunca es demasiado el énfasis que pongo sobre la importancia de sacar a relucir y corregir las muchas formas del magnetismo animal que se esconden en este segundo nivel de la conciencia. Parecen muy insignificantes, sin embargo el “hacer la vista gorda” constantemente a estos rasgos y emociones mortales puede tener efectos desastrosos en nuestra salud y felicidad. Un hábito mental crónico que parece parte normal de la naturaleza humana a menudo causa un problema físico doloroso que no sana. Estas características, rasgos y creencias no deben tomarse a la ligera. Obstruyen el desarrollo espiritual mientras producen todo tipo de discordancia.

No nos damos cuenta de la importancia de examinar los pensamientos más íntimos hasta que estudiamos la Ciencia Cristiana. Estos rasgos y creencias mortales son negativos y producen efectos negativos en nuestra vida externa. Cuando nos complacemos en emociones tales como animosidad, impaciencia, temor, etc., todo nuestro ser recibe un efecto adverso. Expresemos o no estas emociones exteriormente, se sienten sutilmente en nuestro ser interior donde producen un efecto destructivo en el cuerpo.

Puede parecer natural tener miedo o sentir resentimiento o criticar las pruebas que ocurren a diario. Pero el condescender constantemente ante lo que parece ser la más justificada de las emociones mortales puede tener a la larga un precio muy elevado. Las emociones mortales tienen un efecto adverso en nuestro cuerpo físico. Si experiencias emocionales de ese tipo aparecen con frecuencia, el cuerpo no tiene tiempo de recuperarse de una experiencia estresante antes de que se presente la segunda y la tercera. Meses y años de ceder a estas emociones destructivas desgastan la salud. Se deterioran las funciones del cuerpo, y se establecen la enfermedad y el malestar.

A veces estos rasgos que producen enfermedades acarrean una larga historia como parte de nuestro temperamento y el colapso físico es reciente. Ambos no parecen estar relacionados, y nos sentimos perplejos y desconcertados respecto a la causa de una enfermedad y su resistencia a nuestro trabajo consagrado. En nuestra ignorancia, puede que culpemos a causas materiales fuera de nuestro pensamiento. Pero al hacer un estudio más a fondo de la Ciencia Cristiana, podemos escudriñar los pensamientos íntimos y detectar el error latente allí. Entonces, en nuestras oraciones podemos esforzarnos por reformar el pensamiento erróneo y expresar cualidades semejantes a Dios en su lugar. Cuando se realiza la regeneración mental, el problema físico tiene que sanar. Este método de trabajo sanará toda forma de sufrimiento y limitación.

La lucha diaria por ser amorosos, pacientes, perdonadores, amables, bondadosos y compasivos, para ser más inteligentes, sabios y comprensivos, para expresar más humildad, gozo y expectativa del bien, para manifestar más honradez, valor, confianza y obediencia a Dios nos trae gran crecimiento espiritual.

En esta lucha por dejar atrás al hombre viejo y darle la bienvenida al nuevo, nos hacemos más astutos para separar los elementos desemejantes a Dios de las cualidades semejantes a Dios en este nivel medio. Aprendemos cómo orar para cambiar y purificar nuestro ser interior. Si nuestro trabajo de oración está efectuando cambios en este nivel medio, entonces podemos obtener la curación hasta de los problemas más tenaces. El nivel exterior o superior de la conciencia es el efecto de la calidad de pensamiento que adoptamos y aceptamos en los niveles medio e interior. Los problemas que se originan en estos niveles interiores deben ser sanados allí.

El punto de vista material y el espiritual

En la proporción en que nos hacemos más introspectivos, discernimos que el contenido de la capa media está integrado por puntos de vista materiales y espirituales acerca de Dios y el hombre que alojamos en la capa más interna. En la médula de la conciencia siempre existe algún punto de vista filosófico sobre el universo y el hombre. En el mundo de hoy, la conciencia colectiva engloba una filosofía humanística muy fuertemente materialista. La era científica ha producido un concepto material de la creación que ahora se acepta como un hecho. Las ciencias naturales se basan en la aparente realidad y poder de la materia y de las leyes materiales. Ellas describen al hombre como un organismo biológico que vive según el arbitrio de causas materiales y que su vida depende enteramente de la materia.

Para la mente oscurecida, este punto de vista es real. La persona se siente encasillada en la materia y subordinada a sus leyes. Cree que el universo es totalmente material, el producto de las fuerzas mecánicas sin mente de la materia. Tiene ilusiones fijas acerca de la realidad de la enfermedad, el destino, el azar, la carencia, la discordia y la muerte. Si el ser interior incluye este concepto material sobre el hombre y el universo, rechaza a Dios como una entidad viviente, un “pronto auxilio” (Salmo 46) y adopta la actitud frente a la vida de “la supervivencia de los más aptos”. Cuando se cree que la materia y sus leyes son las fuerzas que gobiernan todas las cosas y que el poder del mal es igual o mayor que el poder del bien, se alberga un punto de vista negativo y nocivo en el ser interior que modela los otros niveles de la mente. Una oscuridad interior tal inevitablemente crea temor, odio, egoísmo, confusión, inseguridad y muchas otras emociones desemejantes a Dios, las que a su vez producen una vida mortal discordante.

Con las enseñanzas de la Ciencia Cristiana, esta capa interior se va transformando gradualmente hasta contener un punto de vista espiritual acerca de Dios, el hombre y el universo. Esta Ciencia niega la realidad y el poder del mal. Explica lógicamente la inexistencia de la materia y sus leyes. Refuta la pretensión de que el hombre es un mortal que se origina en el polvo y el sensualismo. Enseña que Dios, el bien, es el poder y la presencia últimos, la única causa y creador. El hombre es el efecto de esta única Mente perfecta, el hijo amado del único Padre-Madre Dios. Esta Ciencia agrega además al universo una dimensión espiritual que gobierna la realidad mediante causa y efecto espirituales. A medida que se estudia meticulosamente la Ciencia, ella ilumina la mente con Verdad, llenando el nivel interior de la conciencia con visión y entendimiento espirituales. Esto regenera el nivel medio, reemplaza las creencias materiales con el entendimiento espiritual, y los rasgos mortales con cualidades inmortales. Esta espiritualización del pensamiento se manifiesta en sanación y bendiciones que abarcan toda la esfera del ser.

Es una lucha penetrar la superficie de la mente e investigar el error en estos niveles más profundos. Pero una vez que aceptamos el desafío, tomamos la iniciativa, examinamos los pensamientos más íntimos a la luz de la Ciencia Cristiana, y sustituimos el error con la verdad, se pone de manifiesto todo el potencial sanador de la Ciencia Cristiana.

La Descubridora de la Ciencia Cristiana se refiere a menudo a la importancia del autoconocimiento. En Escritos Misceláneos escribe: “La ignorancia de sí mismo, la obstinación, la justificación propia, la lujuria, la codicia, la envidia y la venganza, son enemigos de la gracia, la paz y el progreso; deben ser enfrentados resueltamente y vencidos, de lo contrario desarraigan toda felicidad” (pág. 118). De la mezcla entre la conciencia mortal y la inmortal, escribió: “Vestida, y en su Mente cabal, la individualidad del hombre es impecable, imperecedera, armoniosa, eterna. Su materialidad, vestida de una falsa mentalidad, sostiene una débil lucha contra su individualidad –--sus sentidos corporales contra sus sentidos espirituales. Éstos se desenvuelven en los senderos divinos de la Ciencia: aquéllos giran en sus propias órbitas y tienen que soportar la fricción del falso yo hasta que se destruyan a sí mismos” (pág. 104). En este mismo libro leemos: “Examinaos y ved qué y cuánto pretende de vosotros el pecado; y hasta qué punto admitís como válida esta pretensión o la satisfacéis” (pág. 109). El autoexamen es una tarea individual. Cada uno de nosotros tiene su propia combinación de creencias mortales que sacar al tapete y superar. Pero cuando hacemos nuestra parte en este trabajo, Dios nos acompaña para mostrarnos el camino. Jamás estamos solos en este pasaje de los sentidos al Alma. A medida que van saliendo fuera los errores interiores, nuestro estudio y oraciones ponen a nuestro alcance la verdad que nos sana.

4. EL ESTUDIO DE LA CIENCIA CRISTIANA

El análisis de nuestro ser interior no necesariamente lo sana. Es esencial hacer un estudio concienzudo de la Ciencia Cristiana para sanar el error en la conciencia, una vez que este error ha salido a la superficie. El estudio activa la verdad en el pensamiento. Nos capacita para discernir la diferencia entre las sugestiones mentales agresivas del magnetismo animal y las ideas espirituales de la Mente divina. El razonamiento, el intelecto y el juicio humanos, no pueden espiritualizar la conciencia, como tampoco puede la mente humana destruir las creencias mortales que pretenden manejarla. Sólo la Ciencia Cristiana puede hacerlo.

Todo estudiante sincero de la Ciencia estudia la Biblia y las obras de la Sra. Eddy. Pero a menudo la Ciencia permanece como una teoría divorciada de mucho uso práctico en la vida diaria. A veces también, el estudiante se absorbe tanto en el análisis del error en sí mismo y en los otros que no progresa más allá de ese punto en la tarea de destruir el error. En esos casos, puede que tenga un excelente concepto teórico de la Ciencia Cristiana y la habilidad para detectar al magnetismo animal, pero no utiliza la Ciencia de la manera en que destruye el error y da lugar a la curación.

Un enfoque práctico para la tarea de sanar

Es de suma importancia que trabajemos para sanar. Al mismo tiempo precisamos un enfoque práctico para realizar esta tarea sanadora. La curación instantánea siempre es deseable. La sanación de enfermedades incurables es prueba contundente del poder sanador de la oración. Debiéramos anhelar hacer este tipo de trabajo sanador. Pero al principio, es importante que nuestras metas no excedan nuestras habilidades actuales.

Debemos esforzarnos por sanar donde la demostración es más posible para nosotros. Al examinar nuestro pensamiento encontraremos errores específicos que podemos vencer con nuestro trabajo actual.

¿Nos estamos dejando dominar por la crítica constante? ¿por el enfado? ¿por el temor? ¿Le tememos al estado del tiempo? ¿a las experiencias desagradables? ¿a la soledad? ¿Estamos consternados emocionalmente por las acciones de otros? ¿Sentimos un temor constante de que las cosas van a salir mal? ¿Nos sentimos víctimas de las circunstancias? ¿Creemos que tenemos que envejecer, que tenemos entradas limitadas? ¿inteligencia limitada?

Cuando detectamos esa clase de creencias en nuestro interior, tenemos que vencer una forma específicamente definida de magnetismo animal. En el grado en que luchamos por reemplazar cada una de estas creencias falsas con la verdad, se producen cambios en nuestra conciencia, porque estamos trabajando donde nuestro entendimiento es igual al problema.

Preparación para orar

El entendimiento espiritual es el resultado del estudio y la oración. Empieza con la lectura. Se da el primer paso hacia la regeneración espiritual al leer constantemente literatura de la Ciencia Cristiana. Tal vez el leer parezca ser un requisito demasiado simple si hemos estado leyendo sobre Ciencia Cristiana durante muchos años. Pero es posible que esa lectura no se haya enfocado en la sanación de pretensiones específicas y necesitamos leer y estudiar con la intención de comprender cómo sanar. La Biblia y las obras de la Sra. Eddy son tan profundas que nunca terminamos de estudiarlas. Las verdades en Ciencia y Salud son tan poderosas que tan sólo la lectura puede traer curación si estamos tratando de demostrar la verdad que nos enseña.

Hay que leer Ciencia y Salud muchas veces, estudiar sus capítulos por separado, reflexionar sobre las poderosas declaraciones que nos da la Sra. Eddy en todos sus otros escritos. Tenemos a nuestra disposición una gran abundancia de material de lectura que revela las enseñanzas prácticas de la Ciencia Cristiana. Este material de lectura tiene amplio alcance y puede introducir ideas sanadoras en la conciencia.

A medida que estudiamos la Palabra escrita, comenzamos a clasificar en nuestra mente los puntos de vista que concuerdan con estas enseñanzas, los que son de origen espiritual, y los separamos de los que se oponen a ellas y son creencias materiales.

Definición de la oración científica

Nos vamos familiarizando con las enseñandas de la Ciencia Cristiana con la lectura. Después podemos ordenar nuestro estudio para orar con mayor eficacia.

La oración científica consta de dos partes, la afirmación de la verdad y la negación del error. Cuando afirmamos la verdad, reconocemos lo que es verdadero acerca de Dios, el hombre y el universo, y desarrollamos el punto de vista espiritual. Alegamos a favor de las cualidades espirituales, las leyes y energías de la única Mente. Afirmamos la armonía y la perfección del hombre a la semejanza de Dios. Nos damos cuenta de la unidad que existe entre Dios y el hombre como causa y efecto. Cuando negamos el magnetismo animal, alegamos en contra de las creencias y emociones mortales, el pecado y la discordancia. Negamos la existencia de la materia y sus leyes. Este trabajo se hace para cambiar, purificar y espiritualizar el yo interior.

Para orar inteligentemente, tenemos que comenzar con un estudio de todo lo que se ha escrito sobre Dios y los términos que se utilizan para Dios en la Biblia y en Ciencia y Salud: YO SOY, el único Padre-Madre Dios, el Ser omnipresente, omnipotente, omnisciente, la única causa y creador. Los siete sinónimos que utiliza la Sra. Eddy para definir a Dios son especialmente importantes. Dios es Vida, Verdad, Amor, Espíritu, Alma, Mente, Principio.

Un estudio detenido y cuidadoso de cada uno de los sinónimos con sus atributos desarrolla un entendimiento de la naturaleza real de Dios. A medida que estudiamos la Vida, muchas cualidades parecen aplicarse a este sinónimo en especial. La Vida es indestructible, inagotable, inmutable, inmortal, eterna, gozosa, feliz, completa. La Verdad es realidad. Sólo lo que proviene de Dios es verdadero y real. La Verdad manifiesta honestidad, integridad, solidez moral, justicia, misericordia, probidad. El Amor es el poder que gobierna toda la creación y es tierno, solícito, el dador de todo. El Amor expresa la Maternidad y Paternidad de Dios. La Mente es inteligencia, sabiduría y entendimiento. El universo y el hombre son creados y gobernados por la inteligencia de la única Mente. El Espíritu es sustancia, la causa espiritual que crea y mantiene al hombre y al universo. El Alma es el ego o identidad, concede belleza, individualidad, bondad, gracia, armonía y perfección a todas las cosas. El Principio es ley, le da estabilidad, orden, unidad, plan y dirección a la creación.

Esta es una ilustración muy abreviada de cómo los sinónimos pueden usarse para definir a Dios. Mediante nuestro trabajo con los sinónimos, Dios llega a tener significado para nosotros. Cuando pasamos estudiando los sinónomos de Dios durante semanas y meses, estas palabras empiezan a adquirir una profundidad especial, un brillo y significado que no siempre se puede alcanzar con una lectura general de la Ciencia Cristiana. Gradualmente Dios se hace un Ser más tangible. Este estudio acabado nos ayuda a conocer lo que es Dios y lo que Él no es. Entonces podemos hacer la separación entre el bien y el mal con mayor entendimiento, y orar con mayor fuerza y convicción.

También es de utilidad estudiar la definición del hombre como una idea de Dios. El estudio de los sinónimos y de sus atributos revela la naturaleza de Dios y además la naturaleza del hombre como Su semejanza. Lo que es verdadero acerca de Dios es verdadero acerca del hombre, porque Dios y el hombre son uno como causa y efecto divinos. El hombre es el efecto del ser de Dios, la expresión del amor de Dios; en su identidad verdadera, sólo tiene las cualidades espirituales de Dios. La Ciencia Cristiana define la naturaleza del hombre en términos tales como amorosa, gentil, pura, sabia, inteligente, honesta, íntegra, humilde, bella, obediente, inmortal, saludable, armoniosa, perfecta, con entendimiento espiritual, en resumen, incluye todo lo que es bueno y semejante a Dios. Un estudio a fondo del tema hombre revela que el hombre es perfecto, que existe en un universo perfecto, vive una vida perfecta y está gobernado por una causa perfecta, Dios. En la medida en que este concepto del hombre empieza a penetrar el yo interior, nos equipamos para separar el bien del mal y para alegar convincentemente a favor de la verdad y contra el error en nuestro interior.

También es necesario estudiar lo que enseña la Ciencia Cristiana sobre el universo. Si visualizamos al hombre como una idea de la Mente sumergida en un medioambiente cruel, frío, gobernado por leyes no inteligentes de la materia, estamos aceptando en nuestro interior dos puntos de vista antagónicos. Debemos discernir al hombre espiritual que existe en un universo espiritual. El universo existe porque Dios existe. El Amor infinito que desarrolla y sostiene la creación es Todo-en-todo. La Ciencia Cristiana revela la naturaleza espiritual de la creación. No estamos trabajando para cambiar la creación de un estado material a uno espiritual. Solamente estamos tratando de entenderla como Dios la hizo, es decir, espiritual y perfecta.

Cuando oramos científicamente, nuestro estudio nos ayuda a presentar argumentos mentales a favor del poder y la presencia de Dios mediante los sinónimos, afirmamos la naturaleza espiritual del hombre a Su semejanza, y la armonía y perfección del universo que Dios creó.

La parte negativa de la oración científica incluye una firme negación del mal o magnetismo animal. Después de haber afirmado lo que son Dios y el hombre utilizando los sinónimos, ahora debemos alegar en contra de todo lo que es nocivo, enfermo, pecaminoso, discordante, limitado y desemejante a Dios en nuestro pensamiento. Para hacer esto con mayor éxito, debemos estudiar todo lo que se ha escrito sobre el mal, el magnetismo animal, el error y otros términos usados en la Ciencia Cristiana para definir al anticristo, y además todo lo que se ha escrito sobre la materia y sus leyes, causa y efecto materiales, el hombre mortal y el punto de vista material de la creación. La Sra. Eddy llama al magnetismo animal nada, pero nunca dice que hay que ignorarlo. Todo lo contrario, debemos resistirlo y negarlo hasta que sus sugestiones hipnóticas queden completamente destruidas y hasta que se desvanezca a su nada original. Entender la naturaleza hipnótica y los métodos del mal expande más nuestra habilidad para separar lo real de lo irreal. Entonces podemos usar argumentos en contra del mal con una convicción tal que nos permita liberarnos de sus pretensiones.

Después de algunos meses de invenstigación de los temas principales del tratamiento de la Ciencia Cristiana, debemos encontrar que las verdades que se desarrollan son aplicables a los errores específicos en la conciencia que estamos tratando de sanar. Al esforzarnos por sobreponernos a estos errores, también podemos buscar pasajes y escudriñar artículos que se aplican a estas pretensiones. Esta búsqueda especial que se hace apoyándose en lo aprendido en el estudio general, puede desarrollar ideas que hacen que nuestras oraciones sean muy eficaces. Nuestro trabajo es pertinente a nuestras necesidades. Cuando la Verdad se vierte en la conciencia de esta manera, hasta las formas más desafiantes de magnetismo animal pasan a ser nada con el tiempo y se llevan a cabo curaciones de gran magnitud.

La Ciencia Cristiana --un proceso educativo

En Miscelánea, la Sra. Eddy nos dice: “El progreso es espiritual. El progreso es el madurar de la concepción del Amor divino; demuestra la vida científica, inmaculada del hombre y la partida sin dolor del mortal de la materia al Espíritu, no mediante la muerte, sino mediante la idea verdadera de la Vida, ---y Vida no en la materia sino en la Mente” (pág. 181).

Nuestro trabajo en la Ciencia Cristiana es progresivo. Hay verdades sencillas que hasta un niño puede usar para sanar y con frecuencia nuestra labor sanadora se inicia con estas simples declaraciones. Pero si somos fieles al estudio y la oración, crecemos al punto en que entendemos las declaraciones más profundas de Ciencia y Salud, y realizamos la obra sanadora que hace posible ese entendimiento. A medida que expandimos nuestra vislumbre de la Ciencia Cristiana, sabemos que Dios es Todo; que el hombre es perfecto aquí y ahora; que no hay poder ni realidad en el mal o la materia; que el universo y el hombre son espirituales, no materiales. Siempre estamos progresando hacia ideas más avanzadas porque el trabajo de demostrar la Ciencia Cristiana es un proceso educativo. Al principio, utilizamos las declaraciones sencillas de la verdad para vencer los errores menores, y después edificamos sobre este entendimiento hasta que podemos demostrar las ideas avanzadas que nos dan dominio sobre la totalidad de la mente mortal.

Para clarificar este punto voy a poner una ilustración. Supongamos que le pedimos a un físico que nos explique la teoría de la relatividad de Einstein. Puede pasarse horas explicándonosla en detalle, cubriendo un pizarrón con ecuaciones muy técnicas. Cuando terminó, él entendió absolutamente todo lo que dijo, pero nosotros no entendimos nada.

Supongamos que emprendemos el estudio de las matemáticas y de la física. Empezaríamos a un nivel en el que podemos entender lo que estudiamos. Cuando empezamos, nuestro conocimiento de las matemáticas y de la física podría ser casi nulo. Pero a medida que estudiamos los principios matemáticos y científicos, ellos aparecen en nuestra conciencia como ideas claramente definidas. En una época no los conocíamos, y después los aprendimos. Ésta es la manera en que aprendemos ideas específicas. Estas ideas toman formas concretas de inteligencia porque las entendemos. Siempre podemos usarlas con resultados correctos.

A medida que este conocimiento se expande, comenzamos a cambiar nuestra manera de pensar. Empezamos a razonar inteligentemente en este campo de la ciencia. Todos los días aprendemos nueva información y resolvemos problemas que son cada vez más difíciles. Gradualmente, construimos una base de conocimientos respecto a la teoría de la relatividad. Mediante una educación progresiva, finalmente avanzamos al punto en que podemos entender una conferencia técnica sobre la relatividad. Entonces cuando el físico nos la explica por segunda vez, podemos seguir todo su razonamiento.

Nuestra educación en la Ciencia Cristiana es similar a este proceso de aprendizaje. Al principio, tenemos una gran fe en su potencial sanador, pero muy poco entendimiento. Podemos preguntarnos ¿cómo puedo sanar instantáneamente? Si el mal es irreal, ¿de dónde viene? ¿Cómo puede ser que no hay materia? Cuando se desarrollan las respuestas a estas preguntas, ellas se transforman en formas concretas de inteligencia divina en nuestra conciencia. Pero primero debemos alcanzar el punto en que podemos entender las respuestas. Tenemos que construir los cimientos del entendimiento espiritual que nos capacitan para comprender las respuestas, antes de hacerlo sólo podemos elaborar teorías al respecto. Podemos, sin embargo, prepararnos para comprender estos conceptos más avanzados. Mediante el estudio y la oración, podemos generar un fluir de ideas en el mismo centro de la conciencia. El desarrollo de ideas es la esencia de la educación espiritual. En cierto momento una idea no existe en la conciencia, y después existe. Se desarrolla allí adentro. Dios nos da estas ideas. Vienen a nosotros en las horas tranquilas que pasamos a solas con Él. Son los “pensamientos de Dios que vienen al hombre” (Ciencia y Salud, pág. 581).

Cuando ocurre este desarrollo de ideas espirituales, se está llevando a cabo nuestra educación espiritual. Dios es nuestro Maestro. Él nos provee estos pensamientos de acuerdo a las necesidades de cada día, y estas ideas nos iluminan respecto a las cosas espirituales. Con el tiempo, algunas de las declaraciones más profundas de Ciencia y Salud se nos aclaran maravillosamente y vemos su lógica. Con una comprensión de estas ideas avanzadas, vencemos las formas más desafiantes del magnetismo animal, a saber, la edad, la limitación y la carencia, enfermedades incurables, toda forma de discordancia. Nos sanamos a nosotros mismos. Sanamos a otros.

No obstante, hay una diferencia entre el estudio de la relatividad y el estudio de la Ciencia Cristiana. Una es conocimiento humano que informa y la otra es entendimiento espiritual que sana. El proceso educativo para sanar espiritualmente, además del estudio, también requiere oración científica.

5. APRENDER A ORAR CIENTÍFICAMENTE

La curación espiritual es una experiencia subjetiva entre el individuo y Dios. Tiene lugar en la intimidad del yo cuando la mente es receptiva a los pensamientos de Dios. A menudo ocurre cuando estamos abocados a orar científicamente. En ocasiones tales, nos alejamos del mundo para estar a solas con Dios y nuestros propios pensamientos. Cuando los sentidos están acallados y el yo interior se torna a Dios, “tenemos que negar el pecado y afirmar que Dios es Todo” (Ciencia y Salud, pág. 15).

Cuando oramos de esta manera, suceden dos cosas en la conciencia: primero, se desarrollan ideas espirituales, y segundo, se destruye al magnetismo animal. Cuando el autoexamen y el estudio son seguidos por la oración en silencio para nosotros mismos, podemos experimentar una comprensión inspirada de la Verdad mediante el fluir de ideas espirituales dentro de nosotros. Esta inspiración convierte la teoría de la Ciencia Cristiana en convicción. La Verdad se hace real para nosotros y se lleva a cabo la espiritualización de la conciencia.

Nuestro trabajo destruye también el magnetismo animal que pretende ser parte de nuestro pensamiento. Muchas formas de magnetismo animal se han afianzado con mucha fuerza en los niveles interiores de la mente y no ceden con el estudio solamente. A pesar de nuestros mejores esfuerzos para liberarnos de ellas, estas concepciones materiales y mortales todavía parecen más reales que las espirituales. Cuando sucede esto, el poder de la oración científica tiene que aplicarse con pujanza para prevalecer contra las formas del mal que se resisten a nuestro trabajo.

Tomamos la iniciativa y utilizamos el entendimiento espiritual para destruir el mal y poner en evidencia la verdad en todos los niveles de la conciencia con la oración de afirmación y negación. Esta oración es un alegato concentrado en el que declaramos lo que es verdadero y negamos lo que es erróneo en nuestro pensamiento. Nos esforzamos por ampliar nuestro entendimiento acerca de Dios. Trabajamos para entender nuestra identidad espiritual a Su semejanza. Luchamos contra el magnetismo animal en nosotros. Refutamos el testimonio de los sentidos y reconocemos los hechos espirituales del ser utilizando razonamientos y argumentos espirituales.

Este trabajo metafísico jamás es estereotipado. A veces pondrá énfasis en los hechos espirituales de la Ciencia Cristiana, concentrándose principalmente en la naturaleza de Dios como causa, y el hombre como el efecto de esta causa perfecta. Otras veces, el énfasis se colocará en el manejo del magnetismo animal e incluirá una negación enérgica del mal y la materia para echar fuera de la conciencia algún error. En otras ocasiones este trabajo será general, es decir, su propósito principal será entender mejor a Dios. Todavía en otras ocasiones puede aplicarse al manejo de alguna necesidad específica. Debe dejarse que este trabajo se desarrolle cada día de acuerdo a la dirección en que Dios lo encamine. Orar de este modo durante una hora todos los días puede producir un adelanto espiritual tal que gradualmente toda clase de discordancia irá cediendo ante él.

Tratamiento ilustrado

Un ejemplo de un tratamiento así podría empezar con las ideas que nos han venido de nuestro estudio de Dios. Podemos reconocer con humildad y en silencio lo que es Dios utilizando los sinónimos. Podemos pensar largo y tendido sobre lo que es Dios como Vida, Verdad, Amor, Espíritu, Alma, Mente, Principio. Conviene relacionar unos con otros estos sinónimos y sus atributos. Por ejemplo, podemos relacionar la inteligencia y la sabiduría de la Mente con la pureza y el poder del Amor, la inmortalidad y bondad de la Vida con la realidad e integridad de la Verdad, la sustancia y creatividad del Espíritu, con el ego e individualidad del Alma y la ley y orden del Principio. Bien podemos afirmar todo lo que nos viene al pensamiento sobre Dios con la fuerte convicción de que es la verdad. Podemos insistir en que esta verdad es un hecho. Cada vez que alegamos a favor de la verdad, alineamos el pensamiento con la Mente única. En la medida en que reconocemos el poder y la presencia de Dios como Todo-en-todo, la Verdad se activa en la conciencia. Esta acción subjetiva que da testimonio de la verdad aporta desarrollo espiritual y curación.

Una vez que afirmamos la verdad acerca de Dios, podemos continuar el trabajo estableciendo la verdad acerca del hombre a Su semejanza. Valiéndonos de lo que aprendimos de nuestro estudio sobre el hombre, podemos afirmar que la verdadera identidad del hombre incluye todo lo que es semejante a Dios, o sea, la compasión, la pureza, la cortesía, la bondad y el poder del Amor; la inteligencia, la sabiduría y el entendimiento de la Mente; la vitalidad y la inmortalidad de la Vida; la honestidad y la integridad de la Verdad; la sustancia del Espíritu; la identidad del Alma; la ley del Principio. Podemos reconocer la perfección del hombre y la unidad indestructible que existe entre Dios y el hombre como causa y efecto. Podemos declarar la salud, la armonía, la perfección y la compleción de su ser verdadero.

Además es bueno darse cuenta de que el universo es una expresión de la inteligencia y del amor de Dios, que está sostenido por la Mente única como el efecto perfecto de una causa perfecta.

Tenemos que insistir mentalmente en estos hechos. Tener fe absoluta en ellos porque son verdad científica. Tenemos que usar argumentos vigorosos y mantener la confianza hasta que el punto de vista espiritual empieza a ser más real que el punto de vista material.

Esta afirmación de la Verdad por lo general tiene que estar acompañada de la negación del magnetismo animal. No podemos ignorar la creencia en un poder aparte de Dios y esperar vencer la totalidad de la mente mortal. Es preciso argumentar con vehemencia en contra del mal; insistir en que no hay ley, energía, poder ni inteligencia en el mal, no tiene mente en que apoyarse y Dios no está en él. Tenemos que negar que hay odio, voluntad depravada, egoísmo, temor, pecado, enfermedad o muerte. Negar la creencia en que las sugestiones hipnóticas del mal puedan imponer alguna ley material o limitación en el hombre. Negar la materia y sus leyes falsas de causa y efecto. Razonar sobre la irrealidad de las formas específicas que toma el magnetismo animal que hemos descubierto en nuestra conciencia. Luchar en contra del anticristo porque es nuestro derecho divino y responsabilidad hacerlo. Cuando denunciamos el mal y sus mentiras en el nombre de Dios, destruimos las energías mentales del mal y éste se desmorona a la nada. Cuando sentimos la ausencia de alguna creencia mortal en la conciencia, se ha llevado a cabo la curación.

Cuando oramos de esta manera todos los días, vamos a recibir un fluir de ideas inspiradoras. Esto es consecuencia de la comprensión de la verdad, es la espiritualización de la conciencia. A medida que estas ideas se continúan desarrollando, nos vamos percatando cada vez más de que Dios es Todo-en-todo.

La meta del tratamiento

El propósito de este trabajo es cambiar nuestro modo de pensar. Con el tiempo vamos a sentir que el pensamiento cambia en nuestra atmósfera mental. Esta quimicalización autoinducida puede producir un cambio interior definido y beneficioso. Sentiremos que conceptos mortales, emociones humanas, creencias materiales, rasgos nocivos, limitaciones mentales, ceden a este trabajo y desaparecen. Muchas formas de magnetismo animal que no cederán a esfuerzos menores para superarlas, van a ceder frente a este trabajo consagrado. Hallamos que Dios opera con nosotros para sacar a luz el error y suplir la verdad que lo sana. Él siempre está cerca para inspirar y sanar cuando hacemos nuestra parte al orar con inteligencia, humildad y persistencia. Ninguna creencia, por más obstinada que parezca ser, puede desafiar para siempre a este trabajo metafísico.

Mediante este trabajo, desarrollamos una base de entendimiento espiritual que facilita el dominar problemas específicos. De modo similar al que una comprensión de las matemáticas puede aplicarse a cualquier problema de matemáticas, este entendimeinto de Dios y el hombre a Su semejanza puede aplicarse para solucionar toda necesidad humana. Muchas formas de magnetismo animal que se aceptan universalmente como normales pueden ponerse al descubierto y tratarse hasta que nuestra conciencia quede libre de ellas.

Sanar estas creencias inculcadas a edad temprana no siempre es rápido ni fácil. Parecen ser una parte tan aceptada de la mente que hay que darles tratamiento una y otra vez antes de liberarnos enteramente de ellas. Pero si este trabajo se hace a diario, encontraremos que aún el error más profundamente arraigado se afloja, cede y finalmente desaparece.

En Escritos Misceláneos leemos sobre este trastorno mental: “Esta destrucción es una quimicalización moral, en la cual las cosas viejas pasan y todas son hechas nuevas. Así se aniquilan las tendencias mundanas o materiales de los afectos e intereses humanos; y éste es el advenimiento de la espiritualización” (pág. 10).

La oración científica puede producir una imponente renovación paulatina del yo interior. Es precisamente este cambio mental lo que perseguimos. Sentiremos cuando se efectúa. El punto de vista material cederá ante el punto de vista trascendente acerca de Dios y el hombre, y si estamos orando correctamente, los rasgos y características mortales serán reemplazados por cualidades espirituales y las experiencias discordantes se desvanecerán. La intención de esta oración es siempre lograr una transformación mental. Cuando se realiza este cambio, entonces la curación es inevitable.


5. LOS RESULTADOS SANADORES DE LA ORACIÓN CIENTÍFICA

Cuando pensamos en las ideas que acabamos de mencionar, este proceso de sanación se convierte en sencillo, directo y práctico. A través del auto examen, el estudio y la oración, empezamos a usar el potencial espiritual en nuestro interior. Este trabajo consagrado resulta en una suave quimicalización del pensamiento. El error sale a relucir y se destruye. Se desarrolla el entendimiento espiritual. Mutaciones mentales de esa índole transforman la mente y ésta pasa a un estado más semejante a Dios y después, este cambio mental procede a mejorar la calidad de nuestra vida.

Este trabajo es progresivo a medida que el yo interior atraviesa por una serie de fases purificadoras. Encontraremos que no tenemos que seguir repitiendo el mismo trabajo sanador. Una vez que se elimina un error, éste no puede volver. La sanación es permanente. No queda duda de que estos resultados exigen trabajo, pero las curaciones que produce este trabajo, tienen muchísimo más alcance que el que puede lograr cualquier esfuerzo humano por sí mismo. Es el camino de salvación de todo mal y sufrimiento, porque el desenvolvimiento de ideas espirituales nos libra de las sugestiones mentales agresivas del magnetismo animal. La salvación no es un acontecimiento instantáneo. El entendimiento completo de Dios no aparece de súbito en toda su plenitud en la conciencia en ningún punto en el tiempo. Pensamos nuestro camino al cielo, y medimos nuestro progreso por nuestro trabajo sanador.

Si oramos a diario, tendremos curaciones de real significación. Algunas pueden ser rápidas, hasta instantáneas. Pero los resultados de este trabajo consistente también pueden ser tan graduales y benignos que no siempre se puede determinar el momento en que alguna discordancia dejó de ser parte de nuestra experiencia y se desarrolló algo bueno. Nos volvemos muy conscientes de que las cosas están mejorando. Podemos sentir el cambio. Pensamos distinto, nos sentimos mejor.

Notaremos que este trabajo afecta la calidad de nuestra vida. Cuando aplicamos la verdad donde la demostración es posible, empezamos a adquirir señorío sobre la enfermedad, el estrés mental, la discordia, los accidentes y contratiempos. Hallamos que los falsos apetitos tales como el fumar y el tomar bebidas alcohólicas desaparecen. Descartamos el uso de medicamentos, que es incompatible con la práctica de la Ciencia Cristiana.

Por otra parte notamos un cambio en nuestras relaciones. En el mundo estresado de hoy, los contactos diarios con otras personas a menudo provocan crítica, odio, enojo, resentimiento, temor, frustración y otras emociones que pretenden ser parte de las propensiones humanas y se expresan audible o inaudiblemente. En la proporción en que la naturaleza verdadera de Dios y del hombre se desarrollan, parece más natural expresar amor, amabilidad, paciencia, perdón, entendimiento, generosidad y compasión hacia los demás. Estas cualidades espirituales se reflejan en nuestras relaciones, y nuestros contactos con los demás son más gratificantes y armoniosos.


Hallaremos que nuestra vida se desenvuelve con mayor facilidad. Todos conocemos muy bien la lucha sin fin para terminar las cosas que debemos hacer. Si nuestra actitud mental es materialista, miedosa, confusa, irritable, impulsiva, pesimista, desalentadora, antagonista e impaciente, entonces esta atmósfera mental producirá una vida estresada y caótica. Pero a medida que un entendimiento mejor de la unidad que existe entre Dios y el hombre va impregnando la conciencia, toda la atmósfera mental es más saludable y más feliz. Se desarrolla una sensación animada y vigorosa de bienestar, y con ella la expectativa del bien, en lugar del temor a la discordia. Este cambio de perspectiva se refleja en todo lo que hacemos en nuestra vida diaria. Hay una nítida ausencia de estrés, experiencias discordantes y un desarrollo en aumento del bien específico para satisfacer las necesidades de ese día, lo que es prueba del amor de Dios para con nosotros.

Una vez que nuestro trabajo elimina algunas de estas formas más agresivas de discordia y nuestra vida marcha bien, es tentador ponernos a descansar a esta altura. Pero no debemos abandonar nuestro trabajo hasta que se espiritualice la totalidad de la conciencia. Es posible sanar muchos problemas en nuestra experiencia y todavía dejar intacta la mayor parte del yo mortal en los niveles medio e interior de la conciencia. En estos niveles interiores, persistirán tenazmente las formas más sutiles y dañinas del magnetismo animal. Nunca puede perderse de vista la necesidad de sanar los rasgos de carácter en la capa media y los conceptos materiales en el nivel interior.

En este trabajo más avanzado, los rasgos y creencias más ocultos y nocivos empiezan a desaparecer mientras que las cualidades semejantes a Dios son estimuladas en nuestro interior. Se van disolviendo las distintas formas de temor hasta que desaparecen. La tensión desasosegada y el emocionalismo se desvanecen. El egoísmo y la voluntad personal se agotan gradualmente. El odio nos abandona. Estos rasgos falsos no se desmoronan dejando un vacío, sino que cualidades espirituales se desarrollan en su lugar. La tranquilidad es tanto un estado mental como lo es el estrés y la excitación. El equilibrio y la seguridad son tan tangibles mentalmente como la agresividad y la inseguridad. La inteligencia divina es tan concreta para la mente como lo es el intelecto y el razonamiento humanos. Es mucho más cómodo vivir con humildad de lo que es vivir con orgullo y egoísmo. El amor es mucho más real que el odio. En el grado en que cambiamos los rasgos falsos por las verdaderas características de nuestra identidad inmortal, empezamos a ser el hombre espiritual.

Esta transformación de los niveles interiores incluye, a veces, una cruda lucha contra el magnetismo animal. Las ideas espirituales activas en el pensamiento perturban el estado adormilado de la mente mortal. La desaparición de viejos patrones de pensamiento y el desarrollo de nuevos es desafiante. Pero a medida que pasamos por esta experiencia unas cuantas veces y aprendemos a confiar en Dios para que nos guíe con seguridad a estos nuevos estados de conciencia, ya no le tememos tanto a estos momentos difíciles, sino que preferimos regocijarnos en ellos, porque significan el nuevo nacimiento.

En la medida en que nuestra atmósfera mental se despoja de estos elementos mentales más opacos, se va convirtiendo en una mejor transparencia para los pensamientos de Dios. El trabajo metafísico continuo comienza a destruir las creencias materiales afianzadas en el nivel interior. Cuando llegamos a esta etapa de crecimiento espiritual, entendemos algunas de las declaraciones más profundas de Ciencia y Salud. Entonces, la totalidad de la estructura básica de la Ciencia Cristiana se va revelando gradualmente, viene acompañada del don de la curación.

CONCLUSIÓN

Alejarse del mundo para orar por uno mismo de ningún modo significa un rechazo hacia los demás. En realidad es una generosa labor de amor, porque sólo cuando echamos fuera de nuestra propia mente al magnetismo animal podemos entender la Ciencia Cristiana lo suficiente como para sanar a otros. Cuando miramos a nuestro alrededor y vemos que se está llevando a cabo la quimicalización en la conciencia del mundo, llegamos a darnos cuenta de que solamente este trabajo de oración puede desarrollar la Era Espiritual como una realidad universal. El conocimiento humano no basta para hacer retroceder al error de estos “últimos días”. Tenemos que presionar contra las limitaciones materiales internas y ver las respuestas espirituales a estos desafíos. Para “refrenar el crimen” (ver C. y S. p. 97), los que pueden, deben orar.

Este trabajo de oración no sólo nos sanará a nosotros sino que sanará a otros. Le demostrará al género humano que existe una respuesta para quienes desean dominar el mal. Leudará el pensamiento del mundo y proveerá un abastecimiento inagotable de ideas prácticas para satisfacer todas nuestras necesidades.

Este trabajo sanador es la frontera real del futuro. En un mundo que busca respuestas, apenas si se ha considerado el poder de la oración como una avenida para suplir esta necesidad. Con el descubrimiento de la Ciencia Cristiana, por fin la humanidad cuenta con medios espirituales y científicos para lograr lo que ni la ciencia ni la religión pudieron proporcionar en el pasado, a saber, salud ilimitada y abundancia para todos.

Hoy en día, estamos en el umbral de una nueva era, una Era Espiritual. El mundo ha experimentado una explosión de conocimientos científicos, pero sabe muy poco acerca de los hechos espirituales del ser. La Ciencia Cristiana trae una dimensión nueva a la inteligencia del hombre, y hace posible la curación espiritual para todos. Pero esta posibilidad sólo puede convertirse en realidad a medida que la Ciencia se pone en práctica en la vida de las personas como nosotros. La Ciencia Cristiana se demuestra por medio de la oración científica. Cada curación, cada nueva vislumbre de la Verdad, cada esfuerzo por vivir de acuerdo al concepto más elevado del bien, cada victoria sobre el mal, significa el primer aparecimiento del hombre espiritual en el mundo. Apresura el amanecer de esta nueva era.

Este trabajo es sagrado. Nos bendice, y a través de nosotros, al mundo, porque ofrecemos prueba del poder sanador de la oración científica. Por lo tanto, según lo escribió Pablo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (2 Tim. 2: 15).